Más que un viaje espacial: Lecciones de “2001: una odisea en el espacio”


Nos importa lo que hay después de la muerte, así como lo que no conocemos… Stanley Kubrick también lo pensó en “2001: una odisea en el espacio”.

Más de alguna vez quizá te han asaltado preguntas existenciales del tipo: ¿de dónde venimos?, ¿cuál es nuestro propósito en la vida?, o ¿existe vida más allá de la Tierra? Y es que el origen del ser humano (y la vida en general), así como las dimensiones en las que se expande el universo (y que escapan a nuestro razonamiento), son enigmas que muchos quisiéramos descifrar.

Esa búsqueda de respuestas ha sido el manantial de ideas para la creación de un sinfín de expresiones artísticas, entre ellas 2001: una odisea en el espacio, estrenada en 1968.

Muchos aficionados y críticos de cine no han dudado en considerarla como una auténtica obra maestra cinematográfica. Digna representante del trabajo de Stanley Kubrick, uno de los directores más perfeccionistas que ha existido y cuyo trabajo, lleno de matices existencialistas, ha sido el mayor referente para muchos otros cineastas. Sin embargo, a pesar de la reputación del director, es válido preguntarse: ¿Merece esta odisea espacial su título de obra maestra?

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El sentido del misterio es la única emoción que se experimenta con más fuerza en el arte que en la vida (Stanley Kubrick). Vía Thrillist.

Independientemente de cuál sea la respuesta, queda claro que la trascendencia (a pesar de haber sido estrenada hace 50 años) y las múltiples interpretaciones filosóficas de 2001: una odisea en el espacio han llegado hasta nuestros días, época en que los mensajes implícitos de la película parecen más atinados que nunca.

Si la has visto, de seguro tus reacciones estarán entre dos espectros: quizá te deslumbró la composición fotográfica y musical, o por otro lado, puede que te sumieras en un total aburrimiento (lo cual también es muy razonable).

Tal vez la lentitud de las escenas que parecen eternas, aunado a la tranquilidad del poema sinfónico de Richard Strauss Así habló Zaratustra y el vals de Johann Strauss II El danubio azul, sean los factores que nos hagan pasar del suspenso a una tediosa ansiedad.

Pero sin importar que ames u odies 2001: Odisea del espacio, o que la tengas en tu lista de pendientes, acá te dejamos algunas lecciones encriptadas (divididas de acuerdo con los apartados de la historia) que se esconden en la atmósfera de misterio casi indescifrable, más allá de la trama espacial, que envuelve a esta película:

Parte I: El amanecer del hombre

Sobre la evolución humana

La tecnología, aunque parezca abrumadoramente perfecta, es tan imperfecta como su creador: el ser humano

El ser humano se ha superado a sí mismo en cada etapa de su evolución pero, aunque ha alcanzado los límites que antes creía imposibles, no ha logrado la perfección. Por tanto, tu celular, computadora o cualquier dispositivo electrónico, aunque sea de tecnología de punta y te cueste una fortuna, en algún momento fallará… o te hará darte cuenta de que el mundo virtual no siempre es tan perfecto como parece.

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Fotograma de la elipsis en el tiempo: el hueso, una herramienta prehistórica, se transforma en una nave espacial, una herramienta futurista. Vía Acrópolis de la Palabra.

Aquello que te facilite la vida, en algún momento puede volverse en tu contra

No es necesario hacernos proyecciones tan lejanas para entender las consecuencias de algunas invenciones. En la actualidad somos testigos de que algunas herramientas tecnológicas, dejando a un lado su utilidad, también son contraproducentes.

Si no, basta con mirar cómo la televisión, el celular y el internet absorben el tiempo que se podría invertir en actividades productivas. Claro, recordemos: el problema no son los medios (pues estos son simplemente eso: medios), sino el usuario y cómo los utiliza.

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Kubrick profetizó algunos avances tecnológicos como las videollamadas y la tablet. Fotograma del Dr. Floyd realizando una videollamada a la Tierra desde la estación espacial. Vía El Confidencial.

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Fotograma del astronauta Dave Bowman con un dispositivo muy parecido a la tablet actual. Vía Hipertextual.

Parte II: Misión a Júpiter

Sobre la inteligencia artificial

¿Es que las máquinas pueden llegar a sentir?

Kubrik quiso invertir roles y mostrar a los seres humanos como fríos, y a un ordenador (HAL 9000) como a una entidad amigable con sentimientos, que se preocupa y teme.

Claramente las emociones de HAL 9000 son una copia programada de las del ser humano, pero empieza a cobrar vida propia y a realizar acciones para protegerse, al sentirse amenazado. ¿Será que las máquinas llegarán a tener independencia y vida propia? A lo mejor ese futuro dominado por máquinas no esté demasiado lejos.

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Fotograma de Dave Bowman y Frank Poole planeando desconectar a Hal 9000, tras notificar un fallo inexistente en la nave. Atrás parece Hal, ese punto rojo que intenta leer los labios de los astronautas. Vía Study Breaks.

Sobre el egoísmo

El egoísmo es parte del sentido de supervivencia

Tanto los astronautas como el ordenador, viéndose solos y amenazados en el frío exterior, ponen sus vidas sobre la de sus compañeros. Lo que importa es la propia supervivencia. Lastimosamente, en el mundo el egoísmo no solo reina en estas situaciones.

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Fotograma de Frank Poole flotando en el espacio, tras el boicot realizado por Hal 9000. Vía Video Watch Dog.

Parte III: Júpiter y más allá del infinito

Aunque parezca imposible, hay teorías que no se deben descartar… y hay que estar abiertos a las posibilidades

El director plantó en el espectador la constante duda de la vida en otro planeta, no a través de extraterrestres verdes con grandes ojos, sino de algo más simple: un monolito negro que, en realidad, es una especie de telecomunicador… O bien podría ser una pantalla de cine, o un prototipo de celular…  las interpretaciones son varias.

Lo importante es recordar que hay teorías que no se deben descartar… y que hay que tomar en cuenta que las hipótesis, no siempre, se materializan de la forma en que se espera.

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Fotograma de la habitación en la que Dave aterriza después de un viaje psicodélico por el espacio. Al pie de la cama se encuentra el enigmático monolito. Vía Web Insider.

Sobre la vida después de la muerte

La muerte es, en realidad, un renacer

Nadie sabe qué hay después de la muerte. ¿Otra vida? ¿La reencarnación? Según Kubrick, el renacer. Tras su muerte, Dave se convierte en una bola brillante con un feto humano en el interior. Cabe la probabilidad de que este nacimiento se trate de una nueva evolución humana.

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Fotograma del renacer de Dave, un bebé mirando hacia la tierra. Vía Culto.

Kubrick dijo alguna vez:

Hay algo en la personalidad humana que se resiente a las cosas claras, e inversamente, algo que atrae a los rompecabezas, a los enigmas y a las alegorías.

Y es que la curiosidad y la búsqueda de respuestas son imperativas para lograr el conocimiento. 2001: una odisea en el espacio es un laberinto con muchos atajos. Si te atreves a andarlos, puede que descubras otros mensajes entre líneas.