El romance de Björk con el eclecticismo y la moda


Björk Guðmundsdóttir tenía 11 años cuando se convirtió en vocalista profesional. A esa edad publicó su primer disco, Björk, que fue todo un éxito en Islandia, pero que no salió de sus fronteras.

La niña prodigio estaba hecha para la música. Para el canto, la interpretación, la composición y para sacarle notas a diferentes instrumentos. En los videos de sus primeras interpretaciones sorprende por su imagen aniñada (casi varonil), y una voz preciosa que parece no corresponder con el cuerpo y el rostro. Uno la ve y piensa: “Esta mujer tenía escrito en su destino ser quien tenía que ser”.

En esos videos, su cuerpo parece ser poseído por la música, y acompaña el ritmo con movimientos contagiosos, instintivos. Sonríe y cierra los ojos. Y al verla, uno solo puede pensar en alguien que disfruta de lo que está haciendo, de una manera casi mística.

Björk, a los 16 años, animando las noches islandesas.

Björk saltó de una banda a otra… hasta que alcanzó el pico de su fama (incluso fuera de la casi desconectada Islandia) con el grupo The Sugarcubes. Pero la artista era una estrella destinada a conocer mundo y a internacionalizar su música. Y para eso se mudó a Londres, e hizo del mundo su escenario, la plataforma desde la que proyectó su voz en forma de jazz, música electrónica y experimental.

La cantante venía de la fría Islandia, país del que, hasta incluso en la actualidad, poco se sabe y enamoró con su sentido único de la estética, con su atrevimiento, sus interpretaciones que parecían performances, y su habilidad camaleónica para interpretar en el escenario el personaje que se le antojaba en ese momento.

Y así pasó de niña a adulta. Y desde que tomó un micrófono, de manera no so quiet ha hecho más ruido del que se esperaría para una artista que no se ata a los convencionalismos.

Con una voz de ángel, Björk nos sumerge en lo que pareciera la pista de un musical vintage. Vía YouTube.

Sus videos musicales son arte puro en sí mismos. La música cautiva y los videos son minihistorias en los que pasa de estar casada con un gato, a permanecer sumergida en un escenario surrealista o rodeada por entornos industriales.

Y si la música no fuera suficiente, protagonizó la película Dancer in the Dark, del afamado Lars von Trier (el mismo que dirigió Melancolía), por la que ganó la Palma de Oro en el Festival de Cannes. Le escribió una canción a Madonna. Se robó las cámaras cuando apareció en la alfombra roja de los premios Óscar vestida de cisne. Fue la primera artista en sacar un App-Álbum, y ha recibido tantos premios, que hacer la cuenta sería demasiado.

A todo esto hay que añadir que su romance con el diseño y la moda no tiene comparación. McQueen la vistió en múltiples ocasiones. Con plumas, con kimonos elaborados a mano, con campanitas. Antes de que Gaga usara los famosos zapatos armadillo de McQueen en Bad Romance, Björk ya se había atrevido con los atuendos más estrafalarios del diseñador.

Bjork, usando prendas de la colección It’s a Jungle, de Alexander McQueen. Vía Pinterest.

Bjork fue la portada de la edición número dieciséis de la revista AnOther. Vía Showstudio.

Ha sido la imagen de importantes fotógrafos como Warren du Preez y Nick Thornton Jones. Vía Casimir.

Bjork cumple años hoy, y si algo le debemos es que nos ha enseñado que no hay que tener miedo a ser diferente y no convencional. No hay que tener miedo a ser excepcionalmente camaleónica y a vivir la existencia de manera no so quiet.