¿Britney o Christina? ¿A quién escuchabas cuando eras adolescente?

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Aunque pueda decir que me gusta Icona Pop, los Bee Gees, Freddie Mercury, Michael Jackson, Quadron… mi adolescencia estuvo marcada por los Backstreet Boys y los ‘N Sync. Y también por Christina Aguilera y por Britney Spears. En aquel tiempo, aunque hubo voces que se alzaron en contra de aquellas chiquillas hipersexualizadas, muchas adolescentes no les prestábamos atención. Simplemente tarareábamos las canciones.

Esa fue la época del Baby One More Time y del Genie in a Bottle. Aunque no lo quisiera, la letra se me pegaba. Como a muchos les ha pasado con Despacito. Sus canciones estaban por todos lados. No había forma de obviar que existían.

 “El genio en la botella…” Vía YouTube.

 

“Bebé, una vez más…” Vía YouTube.

Ambas cantantes, made by la factoría Disney, fueron estrellas infantiles y las conocimos con un cierto aire de inocencia, pero todo dejaba entrever que había un dejo de seducción bien marcado a lo Lolita (o a lo Alizeé). Nos vendieron la idea de que eran unas chiquillas, unas colegialas… pero con vena seductora, y en el caso de Britney, virgen.

Una virgen que bailaba en falda corta de colegio, con la camisa amarrada a la altura del ombligo, y mirada coqueta que se dirigía a la cámara. El morbo y la fantasía estaban más que servidos. Y así las dos ex niñas Disney pasaron a invadir las fantasías masculinas y los anhelos femeninos. Se convirtieron en una industria.

Christina y Britney se perfilaban como rivales. Eran contemporáneas, poperas y su público era el mismo: las adolescentes que queríamos música pegajosa, con videos que contaran una historia…

Su música era un exitaso, pero también fueron íconos de estilo. Aunque las minifaldas que usaban en ese tiempo, en la actualidad, nos puedan parecen de lo más cutre, en aquel tiempo se volvieron tendencia.

Las trenzas en el cabello, las extensiones de colores, los piercings en el ombligo. La época grunge de Christina la diferenció un poco de Britney. Pero las igualaba el constante uso de los pantalones de tiro bajo, y los abdómenes planos que hicieron que muchas chicas creyeran que sus cuerpos no eran los más perfectos.

Christina y su famoso cabello bi (o tri) color. Vía Daily Mirror.

Britney y Christina fueron las que, en buena medida, pusieron de moda el tiro hiperbajo. Vía Pinterest.

Hubo momentos épicos: baile con serpientes, estética pin up (en el caso de Christina), grabaciones con Ricky Martin… Britney fue nombrada la “princesa del pop”, solo superada por Madonna; lideraban los primeros lugares de las listas de popularidad… parecía que su éxito no tendría final.

Y también, tras ellas, llegaron las polémicas. En los Video Music Awards de MTV 2003 hubo beso lésbico entre Christina, y entre la princesa y la reina del pop. Atrás había quedado la imagen que la industria había creado de ambas.

Años después, Britney se raparía el cabello, tendría un matrimonio exprés en Las Vegas (no podía ser más cliché), se volvió a casar, tuvo hijos a quienes la prensa se esmeró en fotografiar (sobre todo cuando su madre los cargaba de lado), peleó la custodia de ellos, un tribunal hizo que su padre se convirtiera en el responsable de su vida… durante todo eso, la prensa que la adoró se esmeró en buscar celulitis y gordura. Y su carrera iba en declive, aunque siempre tuvo fans fieles, entre ellos, la comunidad LGBTI.

Durante ese período, Christina siguió con su carrera, se dirigió a otro target y, eventualmente, se tomó un descanso de tanta gira y compromiso farandulero.

Curiosamente, tanto Britney como Christina se convirtieron en jurados de programas de talentos. Vía YouTube.

Christina no ha vuelto a tener la fama de antes. Vía W Magazine.

Britney y Christina cambiaron con el tiempo. Reaparecieron y desaparecieron en la escena musical. Las dos pasaron por subidas y bajadas de peso. Cirugías plásticas. Bótox. Adicciones. La prensa se esmeró en tomarlas como ejemplo del típico niño estrella que termina siendo un muñeco roto. Volvieron a pisar los escenarios, pero nada fue como antes. Parecía que eran víctimas de un mismo karma: todos las querían bellas, jóvenes y sensuales como lo fueron en un tiempo, y no les perdonaron que hubieran cambiado. Que los años se les hubieran acumulado.

Britney y Christina marcaron una época. No volvieron a brillar como antes, pero se quedaron en los recuerdos de una generación, que quizás con el tiempo las abandonaron (o puede que no), pero que con ellas descubrieron que la música es una excelente guarida. Una generación que aprendió que no hay nada como cantar una canción (sobre todo si es en inglés), desde el inicio hasta el final, sin equivocarse ni en una sola frase.