La ciencia detrás de la belleza


Una mirada a lo que refleja el espejo, cuando estás frente a él. Una fotografía en la que apareces. ¿En qué piensas al verte? ¿Piensas en la belleza, en tu belleza? Podría ser que en estas ocasiones sea cuando, quizá de manera inconsciente y casi automática, comiences a recordar todo lo que alguna vez has oído sobre la belleza. En mi caso, he escuchado referencias como: “La gente bonita es alta y delgada”, “la gente bonita tiene los ojos grandes”, “la gente bonita se ve de esta o de aquella manera”.

Y aunque existan distintas percepciones, hay algo que me causa curiosidad: qué dice la ciencia de nuestro cabello, nuestra piel, nuestros ojos, nuestros labios, la forma de nuestras narices, nuestra sonrisa, en fin, de la belleza.

Ser feliz… ¿será lo más cercano a “ser bello”? Vía i.pinmg.com.

Aquí podemos partir de dos puntos, uno más simple y el otro más complejo, respectivamente: la simetría y la proporción áurea. Tranquilos, no vamos a entrar en grandes explicaciones matemáticas, pero a través de estos dos conceptos conoceremos la ciencia detrás de la belleza.

Primero, hablemos de simetría, de la teoría del ideal simétrico. Según esta, los rostros que consideramos hermosos son aquellos sumamente simétricos. Los seres humanos tendemos a preferir estos rostros a los asimétricos. A través de diferentes estudios y experimentos, se ha llegado a estas conclusiones.

El cirujano Julian Da Silva afirma que George Clooney “tiene la simetría facial que se acerca más que nadie a lo que los griegos consideraban perfecto”, con un 91.86 % de simetría. Vía marieclaire.co.uk.

La simetría, en cierto modo, es un índice de salud interna; es decir, de manera inconsciente nos fijamos en la ausencia de malformaciones o de enfermedades. Así, esta se convertiría en un requisito al momento de elegir una pareja, pues buscaríamos que nuestra descendencia herede características bonitas.

Sin embargo, y como siempre ocurre, también hay científicos que refutan esta teoría. Los argumentos sostienen que, si bien el cuerpo humano tiene una simetría bilateral característica —tenemos dos orejas, dos ojos, dos brazos, dos piernas, etcétera—, esta no es total. Si tomamos una fotografía de nosotros mismos, la dividimos en dos mitades y reflejamos la mitad izquierda y la derecha, nos daremos cuenta de que ambos lados no son iguales y que uno de ellos resulta predominante. De hecho, el fotógrafo Alex John Beck realizó un proyecto que consistía precisamente en esto.

Composiciones fotográficas conformadas solo por el lado izquierdo versus el lado derecho del rostro. Fotografías tomadas y editadas por Alex John Beck. Vía alexjohnbeck.com.

Como lo dijo Jacques Monod, ganador del Nobel de Medicina de 1965:

En el mundo biológico la simetría existe, pero con frecuencia aparece por accidente.

Por otro lado, se habla de la proporción áurea. Esta proporción se explica a través de tres términos matemáticos: la sucesión de Fibonacci, el segmento áureo y el número de oro, también llamado número Phi. Así, podemos encontrar a la proporción áurea presente en la naturaleza, como es el caso de la espiral de Fibonacci, la cual se refleja en galaxias, edificios, flores, animales e incluso en el ser humano.

Espiral de Fibonacci en un molusco. Vía hipertextual.com.

Cómo se ve la espiral de Fibonacci en las orejas humanas. Vía hipertextual.com.

La espiral de Fibonacci es considerada el patrón de la proporción perfecta. Si pensamos en función del cuerpo humano, esta espiral ayuda a definir si nuestro cuerpo es proporcional. Así, la espiral define que lo proporcional es bello.

A través de Phi, un número de infinitos decimales cuyo valor es 1.61803398874989… , la proporción áurea puede medir la morfología de todo lo existente, incluyendo el cuerpo y los rostros humanos. La ley de la proporción áurea es una proporción perfecta y misteriosa, que incluso algunos califican como una marca divina.

En el cuerpo, por ejemplo, habría una relación entre la altura de un ser humano y la altura hasta su ombligo, o entre la distancia del hombro a los dedos y la distancia del codo a los dedos. Ahora, para entender cómo funciona Phi, a nuestra altura la denominaremos a, y a la altura de  nuestros pies hasta nuestro ombligo la denominaremos b —sí, justo como en una clase de matemáticas—. Entonces, si al dividir a/b obtenemos el número Phi (3.16), podemos hablar de una proporción áurea en nuestro cuerpo, y esto es índice de belleza.

En cuanto al rostro, hay relaciones entre el largo y ancho de la cabeza, y entre la distancia de la punta de la nariz al mentón y la distancia de los labios al mentón.

La única medida que no cambia en una persona a lo largo de su vida es la distancia entre sus ojos. A partir de esto se definen proporciones armónicas: la posición de la ceja, la proyección de los pómulos y la mandíbula, la correcta proporción y posición del mentón.

Pero si ahora lo vemos gráficamente, y tomamos como ejemplo a famosos, tenemos que, para el caso de los hombres, la ciencia ha comprobado que los rostros más bellos son el de George Clooney, el de Bradley Cooper y el de Brad Pitt; y para el caso de las mujeres, los rostros de Amber Heard, Kim Kardashian o Kate Moss son considerados los más bellos. La ciencia ha sacado estas conclusiones tomando en cuenta las proporciones y simetría en la cara.

La belleza, según la proporción áurea. Vía Lifescodes.com.

A pesar de todas estas teorías, la realidad es que el ser humano no tiene durante toda su vida las mismas proporciones, especialmente cuando envejecemos, ni mucho menos cumplimos todos con la proporción áurea o con la simetría en nuestros rostros y cuerpos.

Además, debemos tener en cuenta que la belleza también puede medirse dependiendo de dónde te encuentres. Por ejemplo, en Tailandia viven las mujeres jirafas. Estas mujeres se ponen anillos alrededor de su cuello, uno por año desde los 5 hasta los 12 años de edad, con el objetivo de que este se alargue. Entre más largo el cuello, se considera que la mujer es más bonita y resulta más atractiva para los hombres de la etnia.

Hay otro países como Mauritania, donde la obesidad de las mujeres es símbolo de belleza y se considera casi un requisito para casarse bien. Claro, en ambos casos podemos entrar en discusión sobre qué tanto la cultura puede afectar a la salud de la mujeres, pero también nos queda claro que la belleza es relativa.

Ni al dormir, ni al bañarse, ni al envejecer: las mujeres jirafa nunca se quitan los anillos alrededor de su cuello. Vía viajes.elmundo.es.

Pero lo relativo a la belleza no es solo una cuestión cultural o geográfica. Cada persona tiene un concepto distinto de belleza. Para algunos reside en lo físico; para otros, lo bello está más en una dimensión espiritual, intangible; otros incluso la identifican y conceptualizan en pequeños detalles: una sonrisa, una mirada.

No importa si no tienes las medidas y proporciones ideales: recuerda que las teorías no explican hechos, sino que están formuladas con hipótesis o supuestos que aún se deben verificar. Además, en este caso la ciencia habla de cuestiones físicas, pero no de otras tan fundamentales como la personalidad o la inteligencia.

Si hay algo importante aquí es que cada uno de nosotros sepa apreciar la belleza en todas sus formas y tamaños, y que nos sintamos bien tal cual somos, pues la verdadera belleza está en cada ser humano.