De muffulettas a Janis Joplin: una oda a New Orleans

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En la ciudad más ruidosa en la que he estado, me guiaron a un refugio del buen gusto y la tradición caótica. Fue un maravilloso recorrido culinario en New Orleans.

Hay mucho ruido en New Orleans (NOLA): en la calle en la que empezamos el recorrido y por todas las vueltas que dimos, cuando pasamos saludando al famoso Mississippi y cuando atravesamos tiendas llenas de la voz de Janis Joplin con ecos de jazz y blues. Hay mucho ruido en las boutiques de chile y condimentos (por cierto, cuando vayas a New Orleans tienes que comer beignets).

Sí: mucho ruido por todo el French Quarter en el centro de New Orleans, Louisiana. Es la ciudad portuaria en forma de media de luna que, debajo del nivel del mar, eleva con su vapor la herencia de varias culturas, sabores y comidas.

Hay mucho ruido en New Orleans (NOLA): en la calle en la que empezamos el recorrido y por todas las vueltas que dimos, cuando pasamos saludando al famoso Mississippi y cuando atravesamos tiendas llenas de la voz de Janis Joplin, con ecos de jazz y blues. Hay mucho ruido en las boutiques de chile y condimentos (tienes que comer beignets), y en todos los lugares en donde la comida nos tienta.

Destino: dame beignets para toda la existencia. Vía goldbely.

Café du monde, crawfish, gumbo y muffulettas son palabras de la cocina sureña que abrazan nuestros oídos, mientras tomamos sorbos de Hurricane, un trago local que hace ver mal al Long Island Ice Tea.

Para esa hora ya habíamos probado lagarto y crawfish, cerveza artesanal, e incluso llevábamos pralines en la maleta, para llevar a casa. El día había muerto, pero la noche de bar hopping in New Orleans no podía empezar sin cenar, sin el “aquí vamos a comer, este restaurante es buenísimo”.

Crawfish. Delicia. Vía goldstar.com.

Café du Monde. Vía neworleansonline.

Muffulettas. Vía tastingtable.

A varias cuadras del ruido, en la calle Tchoupitoulas —¿chupi-qué?—  entramos al Cochon Butcher. El nombre y el counter, desde el cual hojeás las carnes y la cocina, lo indican: estás en una carnicería/sandwichería. El menú, en el que te pierdes por tanta variedad, todo se ve completo y sazonado.

Hasta hay postres franceses… Todo eso es una pista de que aquí hay algo más. “Muffuletta”, leímos en el menú, “pero, ¿cómo es que se dice?”, “Muffaletta”, “Mufflafeta”… No sabemos cómo pronunciar muffuletta y no sabemos a qué sabe lo que parece ser un sándwich siciliano con capas y capas de sabor. Pero estamos en New Orleans, así que debemos probarlo…

Comensales del Cochon Butcher. Vía nashville.eater.

“¿Compartimos un muffuletta?”

Nos llevamos el número de nuestra orden y nos sentamos en la barra, porque las demás mesas —altas y elegantes, en medio del ambiente movido y moderno— estaban llenas. Estábamos frente a una variedad de licores y vinos que hacían agua el paladar.

Le Cochon Butcher, nos dimos cuenta, es más que un deli: es un refugio perfecto. Extrae de la ciudad caótica el gusto por los tragos a voluntad, y el ir y venir a los mercados de comida. Cochon Butcher es un sandwich shop y wine bar, con carnes curadas y el estilo que solo puede provenir de querer wine and dine sin que sea caro, pero sin que sea calle.

Al rato, después de pedir la orden, nos trajeron la comida.

Un pan redondo con semillas de ajonjolí, relleno de quesos, jamones y carnes, y un tapenade de aceitunas, el mejor spread para acompañar carnes frías italianas. Además, un encurtido con zanahoria y coliflor condimentados. Los colores de la mortadela, el capicola y el salami se confunden con el emmental y el provolone. Los pepinillos agripicantes son lo que yo no sabía que quería.

Cada mordida, cada bocado, nos convencía de que no hay mejor combinación de sabores. Nada en mi lengua podía superar el efecto de esas marinadas, con la pimienta negra del salami, con ese nivel de crujiente del pan que se aguada con los sabores.

Fue lo mejor que comimos en nuestro viaje a New Orleans. Rememoro los sabores y rememoro nuestra estancia en NOLA.