Fuera del clóset: cómo deshacerte de lo que no necesitas


¡Cómo me encantaría que mi madre dejara, se deshiciera, de tantas de las cosas que tiene! Las prendas, accesorios, adornos, vajillas, objetos que sigue acumulando, amontonando. Pero es que no es fácil ver las ventajas de reciclar, depurar, mejorar. “Es mi suéter 100 % de lana, y esos son mis zapatos finísimos que ya no me quedan..!”. Está bien, entiendo. Pero ¿cuándo te los vas a poner?

En 2006 conocí Arsenic et Vielles Dentelles, una tienda de ropa usada que tenía su propio estilo llamativo, reflejado en la letra elegante, pintada a mano. Su fachada es de madera y tiene una vitrina con maniquíes excéntricos. El domicilio: Rue du Loup, 33000 Bordeaux, France. La consumidora amante de lo vintage que vive en mí fue seducida de inmediato y le cogí cariño a su dueña, una fumadora veterana que rebalsaba estilo y gusto propio, entre la saturación de prendas y accesorios que vestía.

“Yo no vendo el precio de las marcas, yo vendo moda. Mirá alrededor, todos son estilos que se usan ahora”, pero todas eran prendas depositadas por gente que saca cosas de su clóset. Tenía un inventario todo escrito a mano, que verifica cuando llevas tu ejemplar de inventario, este también hecho a mano, para verificar si has vendido algo tuyo. Allí me compré mi chaquetilla militaresca, marca Zara pero estilo André 3000, de OutKast.

Las tiendas vintage: zona de rastreo de tesoros. Vía Elle.abril.com.

También fue adonde acudí la primera vez que saqué ropa de mi clóset, una fuente de ideas pasajeras que parecía en sí mismo una tienda de ropa usada, todo colgado del perchero y del biombo, y los estantes que suponían cumplir la función del clóset.

Me desprendí entonces de mis skinny jeans, ese par de jeans que toda mujer guarda en su clóset: según Sex and the City, los skinny jeans son los jeans que ya no te quedan y que guardas en tu clóset en vano, con la falsa esperanza de que algún día te van a quedar de nuevo. Ya, acéptalo, Paty, no vas a volver a ser talla 0. Aparte, me vendría bien producir algo y que otros encuentren uso en ello, en vez de que yo lo acumule.

“Estos se venden”, me dijo la elegante fumadora francesa que me atendió en la tienda. Alguien en algún lugar del mundo anda los jeans en los que mi cuerpo ya no cabe.

Desde entonces, periódicamente hago un inventario (no tan ordenado) de lo que tengo en mi clóset y saco, y vendo y regalo. Es un proceso largo pero entretenido. Agotador pero productivo. Deshacerme de lo que no necesitaba me dio espacio para viajar ligera y valorar lo que realmente es importante (que no es, precisamente, lo que se puede comprar).

A lo Marie Kondo, estas son algunas técnicas para empezar a limpiar tu clóset, y vivir con menos:

N.º 1: Ya no te queda

Conocer bien a tu cuerpo —cómo se comporta, cómo reacciona, cómo engorda— no es tan fácil: lleva tiempo y es sujeto a cambios. Reconocer qué prendas ya no te pones porque te quedan holgadas o no te entran es más fácil. Están al fondo, hasta que en un intento de sacarlas a pasear te desilusionan. Es momento de dejarlas ir, y una excusa perfecta para buscar su reemplazo.  

Ya basta, ¿no? Vía Giphy

N.º 2: Nunca te lo vas a poner

Está bien, pagaste poco porque estaba en descuento, o lo recuperaste después de un arduo trabajo de vigilar el clóset de tu mamá… pero no hay tantas ocasiones en tu vida que ameriten las lentejuelas y las hombreras, ¿o sí? Deja ir a ese sombrero de Django Unchained, porque Tarantino nunca te ha gustado tanto y, francamente, el camuflado, simplemente, no es algo de todos los días.

Hay eventos que no se repiten… y vestidos que solo te pones una vez. ¡Déjalo ir! Vía Giphy

N.º 3: No es tu estilo

O a lo mejor y sí es cosa de todos los días usar un estampado de leopardo, pero definitivamente no algo para ti. Piensa bien en que las prendas que nos ponemos no son solo algo de moda, sino que de estilo, una expresión de tu personalidad… sin embargo, lo que compramos a veces sí es un artículo de moda, pero hasta que está allí puesto en tu clóset no te das cuenta de que no, no es tu estilo. A lo mejor también tiene que ver con tu tipo de cuerpo. Quédate con lo que sea muy acorde con tu personalidad, y que también te favorezca.

Aunque, bueno, a mí las prendas flojas no me lucen, pero no las puedo dejar ir: son más yo que las que son ajustadas (a pesar de que las prendas ajustadas me hacen ver mejor, pues con ellas queda claro que tengo cintura y no solo cachetes).

Hay prendas que no me lucen pero, al mismo tiempo, me luce todo. Vía Giphy

N.º 4: Malos recuerdos

Es bueno separar los recuerdos de las cosas, pero si es por un mal momento que evitas ponerte esa chaqueta de terciopelo, ¿por qué la tienes en tu clóset aún? ¡Deshazte de los malos recuerdos! Claro, a veces el recuerdo puede ser solo el mal gusto que cosechaste en el colegio… y a veces no tiras alguna prenda porque no quieres admitir que, en algún momento, los pantalones morados de seda te parecieron una buena idea.

Hay que hacer las paces con el pasado. Vía Giphy

Nº 5: Ya no sirve

En estos días de fast fashion, en los que además buscamos ser más activos, tendemos a llevar prendas que se arruinan rápido. A los zapatos se les despegan las suelas, las camisas pierden sus botones, los huecos se multiplican y algunas fibras se estiran. No importa cuán bien la hayas pasado con esos Converse o a cuántos bares llevaste ese vestido: es momento de despedirte. O quédate con las prendas para siempre, aunque sean inservibles, solo por las historias que estos objetos inanimados podrían narrar.

El gran poder del adiós (y de liberarse).Vía ipinmg.com.

Cuando me mudé a El Salvador, ya era experta en sacar ropa del clóset. Había afinado mis habilidades de desprendimiento de cosas materiales, tras esos momentos de ordenar mi cuarto, mudarme, quedarme sin plata, empacar mal… Erica, mi buena amiga, me había enseñado a dejar ir hasta las cosas que guardas y acumulas por valor sentimental, diciéndome que las personas son los recuerdos que haces con ellos y no los artículos que te dan.

Lo que apliqué en ese momento sigue siendo lo que aplico cuando vacío el clóset regularmente: se trata de reciclar, renovar, darle uso a lo que no usas, encontrarle hogar nuevo… porque hay vestidos que se ven mejor en vitrina y shorts demasiado cortos como para usar en público… Y, no sé, se siente bien soltar, abrir espacio para que quepan nuevas experiencias y oportunidades, reciclar en vez de acumular. Vaciar tu clóset —sacar, compartir, reutilizar— llena más que comprar.  

Piensa en lo que puedes dejar entrar a tu vida, cuando dejas ir lo que no te hace bien. Vía i.pinmg.com.