Felicidad, ¡aquí te voy!


He escuchado muchos conceptos sobre la felicidad. Creo que no soy la única. Por ahí dicen que todos queremos ser felices. Estoy totalmente de acuerdo con esto, aunque a veces el miedo se meta en nuestro camino.

También he visto por ahí definiciones que aseguran que la felicidad es una emoción. Yo creo que la felicidad puede —y debería— ser un estado, algo que es parte de tu vida, que permanece. Si se tratara de una emoción, sería algo pasajero.

Hay otras definiciones que dicen que somos felices cuando alcanzamos una meta o cuando nos sentimos realizados como personas. Y aunque no difiero de esto, creo que no son las únicas maneras en que podemos ser felices. La felicidad, de hecho, está en lo cotidiano, y empieza en lo pequeño, en los detalles.

La vida no es un parque de diversiones… pero de ti depende que, a pesar de todo, tus emociones sean positivas (aunque el entorno no lo sea). Vía jacimariesmit.

Si quieres ser feliz, si estás en la búsqueda, o si aspiras a que los niveles de felicidad aumenten en tu día a día, hoy quiero darte algunos consejos de cómo podemos agregarle más plenitud y bienestar a nuestra vida.

N.º 1: Búscale el lado bueno a lo que tienes (y a lo que te sucede)

Quizá estés teniendo un mal día. Tal vez no te sientas a gusto con alguna situación. No importa qué tan gris pueda ser el panorama, siempre hay algo bueno, algo rescatable.

¿Tienes mucho trabajo que hacer? Busca a esos compañeros que pueden ayudarte a hacerlo todo más llevadero. ¿Dejaste olvidados unos documentos importantes y debes regresar a tu casa? Aunque te quite unos minutos de tu tiempo, puede ser una buena oportunidad para ver a tu perro unos segundos, o para aprender una lección de cómo ser menos olvidadiza.

Y si crees que no hay un lado bueno, ¡entonces hazlo tú! ¿Es lunes de nuevo? Pues prepárate tu comida favorita, ve por un café con un amigo, escucha la música que más te gusta cuando sales de casa. Créeme: la vida puede llegar a ser realmente deprimente cuando te empeñas en verla así. Así que, mejor sé más positiva (aunque sea más fácil decirlo que hacerlo).

“¿Alguna vez has escuchado del poder del pensamiento positivo?”. Vía Giphy.

N.º 2: Suelta aquello que no puedes controlar

A veces, la causa de nuestra no felicidad es aquello que se sale de nuestras manos. Buscamos tener el control sobre todo y esto nos causa estrés o ansiedad. Dejarlo ir es todo un proceso.

Primero, está el reconocimiento. Identifica esos planes, decisiones, situaciones que no puedes controlar y sé consciente de esto. Segundo, debes admitir que no todo ocurrirá siempre a tu manera. No pierdas energías en forzar las cosas. Por último, está la aceptación. Es necesario que en verdad te apropies de los primeros dos pasos, que aceptes tu realidad. Solo así podrás verdaderamente soltar lo que te obstaculiza la felicidad.

Si la felicidad depende de ti, deja ir lo que no depende de ti. Vía Giphy.

N.º 3: Encuentra algo que ames y hazlo tuyo

Puede ser cualquier cosa, sin importar qué tan pequeña o grande parezca. Mientras sea significativo y valioso para ti, todo bien. Un deporte, un libro o un autor, la repostería, escribir o dibujar, tu hobby favorito, tu trabajo ideal, a qué te quieres dedicar de por vida. Si es algo que te hace sentir bien contigo mismo, ¡aduéñate de eso!

Haz espacio en tu día para ese deporte o ese libro, inscríbete a clases de repostería o de la disciplina que te guste, ponle amor a todo lo que hagas y te ayude a alcanzar tus sueños. Todo se trata de que en tu vida haya lugar para lo que te gusta y disfrutas hacer.

Haz lo que te hace feliz, como el básquetbol hace feliz a Jusuf Nurkic. Vía Gihpy.

N.º 4: Date pequeños gustos

Como alguna vez lo dijo Hershey’s: la felicidad viene en trocitos. Y a algo así me refiero con los pequeños gustos. Sí, puedes consentirte y disfrutar de una barra de chocolate para hacer brillar tu día, pero también puedes ver un episodio de tu serie favorita, continuar ese libro que habías dejado a medias, ir por un cappuccino a esa cafetería que tanto te gusta, comprarte ese postre que siempre habías querido probar, tomar un relajante baño, abrazar a ese amigo al que quieres tanto o darte tu tiempo a solas, incluso.

 No te enfoques en gestos grandes o en acciones que te tomen tanto esfuerzo, sino en disfrutar de verdad todo lo que te hace bien.

¡Mereces consentirte con lo que te gusta! Vía Giphy.

N.º 5: Ríete de ti mismo (y contigo mismo)

Si nuestra felicidad la hacemos nosotros, también seamos felices con nosotros mismos. Date cuenta de que puedes ser muy divertido y ocurrente a veces. Tú sabes qué te hace reír, que tu carcajada a veces podría ser escandalosa, conoces esos chistes internos que tienes contigo mismo, reconoces cuando has hecho algo ridículo pero gracioso, y hasta te has reído de ti un par de veces después de haberte caído o cuando tu torpeza te ha ganado.

Deja de pensar en si los demás se burlarán o se reirán de ti: lo fundamental aquí es que tú mismo te sientas bien contigo y con cómo eres.

¿Quién no se siente bien después de una buena dosis de risas? Vía Giphy.


Si hablamos de felicidad, no aspires a alcanzar aquello que sea de magnitudes enormes y que hasta podría ser inalcanzables. Eso solo te frustrará. Cambia tu perspectiva y concéntrate en los pequeños placeres de la vida. Y nunca lo olvides: tú pones tu propia medida de felicidad, tú la construyes. El resto de las personas pueden aportar a eso, pero no permitas que tu bienestar dependa de los demás.

La felicidad humana generalmente no se logra con grandes golpes de suerte, que pueden ocurrir pocas veces, sino con pequeñas cosas que ocurren todos los días.

Benjamin Franklin