“Sex and the City”: lo bueno, lo malo y lo feo


Todos tenemos placeres culposos, y Sex and the City es uno de los míos. Empecé viendo los episodios repetidos, doblados al español, en el canal Cosmo. Aún recuerdo de qué trataban: era la segunda temporada, y Carrie cuestionaba su soltería tras un reportaje terrible en el New York Magazine titulado Single and fabulous? Ese signo de interrogación al final cambió, por completo, todo el concepto detrás de la soltería en Nueva York.

Sex and the City no es la única serie en la historia de la televisión que, aún en su época de gloria, se lleva un par de golpes en su contra. Pero no puedo hablar de lo malo de esta serie sin hablar de lo feo y, también, de lo bueno.

Lo bueno

El mundo de Sex and the City está casi tan fuera del alcance de cualquier televidente como lo era el apartamentazo gratis en el que vivían Mónica y Rachel en Friends (sin hablar del desempleo de Joey Tribbiani y su perpetua estabilidad emocional).

El recorrido argumental de Sex and the City transita por la ambición, los lujos, la competencia… además de que, como habrán notado, el recorrido nunca incluye la línea A del subway. Y es que, definitivamente, no es el mismo Nueva York que el de Midnight Cowboy. Las cuatro protagonistas transitaban por una ciudad diferente y nos hacen preguntarnos: ¿por qué es que a muchas nos gustaba seguirles la pista?

¿A quién no le gustaría pasarsela comiendo brunch con sus mejores amigas, en Nueva York? Vía Indian Express.

Una de las razones es que nos encantaba saber de qué situación hiperbólica lograrían salir airosas esos arquetipos bien construidos llamados Charlotte, Miranda, Samantha y Carrie. Las situaciones eran narradas con humor. Y estaban cargadas de aflicciones verosímiles y de inquietudes similares a las que todas podemos experimentar, que nos recordaban a nosotras y a las mujeres que conocemos.

No tenías que ser una mujer de 35 años que aún habla con su ex para entender que, al final, hay personas que te sacuden la vida y otras que solo te recuerdan que debes plantearte qué es lo que deseas, y qué quieres hacer para lograrlo.

Lo malo

Nosotras, las que teníamos una amistad seria (y platónica) con las cuatro mujeres de Sex and the City, somos las primeras en reconocer lo malo. No todas estamos de acuerdo con ciertos atuendos de Carrie, y no todas aplaudimos cómo Samantha lideó con Richard, eso está claro.

Y nunca he conocido a una seguidora de la serie que me diga algo positivo de la temporada cinco. Y es que Carrie nos simpatizaba más en las temporadas anteriores. La serie fuera mejor si borráramos la temporada cinco, aunque haya sido breve.

Tampoco me convencía El Ruso. Pero él no es el problema de la temporada seis. El problema de la última temporada es que, tras todo el esfuerzo para olvidar a Mr. Big, él regresa. Y ella regresa con él. Todo para llevarnos a un final en el que cuatro mujeres que, en cierta manera, se oponen al status quo terminan siendo, justamente, lo que ellas decían no ser. ¿Teníamos que ver seis temporadas para llegar a ese final?  

Honestamente, Carrie, no debiste de haber salido con Berger. Ni traerlo a nuestras vidas. Vía Vogue.

Lo feo

A pesar de lo malo, en sus inicios la serie fue muy prometedora y ha dejado su huella en la cultura popular. Hay personajes secundarios recordables, y suficientes frases efectivas como para basar todas tus decisiones futuras en la sabiduría popular de Sex and the City.

En las películas, sin embargo, estos aspectos positivos se perdieron en, entre otros aspectos, una estructura narrativa hueca. En la primera película, el problema no es tan evidente: el sentimiento que queda es de decepción, pero no de vacío. En la segunda, el sentimiento sí es de vacío. Y es que las escenografías ostentosas, el abuso de la promoción de productos y el conflicto inverosímil que mueve la acción hacen que la calidad de la película no sea la mejor (el problema que afronta Carrie es que su esposo la ama, y ella está aburrida).

¿Quién pensó que esto iba a ser una buena idea? Visto en Sex and the City 2. Vía Filmtoro.

Antes de ser fan de Sex and the City, fui fan de Pretty Woman. Después de la filmación de Pretty Woman y de que fuera un éxito taquillero, los productores abordaron a Julia Roberts y a Richard Gere con la propuesta de una secuela. Julia la rechazó, con el argumento de que arruinaría a la primera película.

En algún momento pensé que fue un error no haber rodado esa secuela… hasta que vi las últimas dos películas de Sex and the City. Me ofrecieron un vistazo extra a las vidas de esos personajes adorables (que aún hoy me hacen reír), me hicieron recordar lo bueno de la serie, lo malo… y, al final, solo quedó lo feo. Mejor me hubiera quedado con las ganas de una secuela de Sex and the City.