Diana Vreeland: el glamour como artificio de vida


Los primeros minutos del documental Diana Vreeland: The Eye Has To Travel (disponible en Netflix) nos introducen a una secuencia de allegados a la difunta editora de moda Diana Vreeland, quienes tratan de resumir en pocas palabras su carácter: “Nunca fue una mujer particularmente rica. Nunca fue una mujer muy bella —observa uno antes de concluir—, pero creó belleza y creó opulencia”.

Vreeland inspiró al personaje de Miss Maxwell, en el film “¿Who Are You, Polly Maggoo?”, de 1966. Vía M2M.

La vasta trayectoria de Diana Vreeland la llevó desde revistas de moda como Harpers Bazaar y Vogue, hasta una posición en el departamento de vestuario del Museo Metropolitano de Arte de Nueva York, coloquialmente conocido como el Met.

La historia, narrada en palabras de la misma Vreeland, utiliza como hilo conductor una serie de entrevistas entre la editora y el escritor George Plimpton, grabadas en 1983. “El estilo lo es todo, George —explica la editora en cierto extracto—. Lo necesitas por la mañana, para bajar por las escaleras. Es una forma de vida. Sin él, no eres nadie. Y no hablo de tener mucha ropa”.

Tráiler oficial de “Diana Vreeland: The Eye Hast To Travel”. Vía YouTube

Nacida a inicios del siglo XX en París, Francia, la infancia privilegiada de Vreeland se compone de recuerdos como la coronación de Jorge V de Inglaterra, evento emblemático que señalaba como uno de sus primeros contactos con la belleza. De este suceso, además, resaltaría un elemento específico: el semblante de los caballos de carrera.

Jorge V fue coronado en la Abadía de Westminster, Londres, en junio de 1911. Vía i.pinimg.

Y es que lo que más fascinaba a Vreeland sobre estos era su carácter. La imponencia con que atraen, inadvertidamente, atención sobre sí mismos. Este tipo de reflexiones, más una relación conflictiva con su madre que abiertamente la llamaba no atractiva, llevarían más adelante a Vreeland a reflexionar: “Me di cuenta de que, si lo quiero lograr [tener éxito], tengo que resaltar”.

Otro de los puntos más relevantes de la carrera de Diana fue su interés por concebir la moda desde una dimensión artística. Vreeland, con una fuerza creativa y afición por el dramatismo similar al que décadas después demostraría Grace Coddington, se mostraba tanto particularmente atraída por la elegancia de la estética cultural japonesa, como por la exageración de las facciones más predominantes de las modelos en sus sesiones fotográficas.

Una geisha se entrena en disciplinas artísticas como la música, el teatro y danza. Vía Pinterest.

Vreeland cortó los cánones… y dejó un gran legado. Uno en el que el cabello rojo, las pecas y las llamadas imperfecciones hacían únicos a los modelos. Vía Fashionwee.com.

Vreeland llevó el exotismo de otras culturas a las páginas de Harper’s Bazaar. Vía Lacartemag.com.

En determinados momentos es inevitable cuestionarse si esta fascinación por lo llamativo, inimitable y exclusivo, en lugar de constituirse en la bandera de empoderamiento que pregonaba Vreeland, más bien contribuyó a agravar la obsesión enfermiza de la industria de la moda por impulsar estándares de belleza inobtenibles.

Sin embargo, The Eye Has To Travel, al igual que documentales de la misma clase como The September Issue, no se preocupan por cuestionar a la industria, ni nunca pretendieron hacerlo. Eso sí: es un hermoso recorrido por la belleza que Vreeland aportó a la moda.

Por otro lado, si bien el documental no ofrece mayor innovación en una dimensión técnica, pues su estructura es convencional, con un orden cronológico lineal que depende de imágenes de archivo y entrevistas con los allegados de Vreeland (enmarcadas en tomas fijas), uno de los grandes aportes de The Eye Has To Travel es que nos permite conocer el magnetismo de la personalidad de Diana, su honestidad, su sentido del humor particular.

El soundtrack del film contiene a artistas como Peggy Lee, Ennio Morricone, The Rolling Stones y David Bowie. Vía Dresstyle.

Lejos de ser históricamente preciso, el documental se encarga de cuestionar los recuerdos de la editora sobre ciertos eventos, como su testimonio del vuelo de Charles Lindbergh en 1927. En este sentido, me atrevería a especular que Vreeland y su singular visión de mundo le dan suficiente fluidez al documental de una hora y media, para incluso capturar la atención de aquellos espectadores escépticos ante todo lo relacionado con el mundo de la moda.

Diana Vreeland: The Eye Has To Travel está disponible (además de en Netflix) en Amazon y Vimeo.