St. Vincent: de ama de casa a seductora de masas


St. Vincent es el nombre artístico de la compositora estadounidense Anne E. Clark. En constante evolución, es una artista que ha pasado de asumir el arquetipo de una ama de casa al de una seductora de masas. En un entorno plástico, pero con líricas bien pensadas.

Y es que, tras cinco álbumes de estudio como solista, una colaboración y una carrera musical que se extiende a través de más de una década, está claro que St. Vincent no es el tipo de artista en rehuir a la experimentación. 

Corría el 2004, habiendo recién desertado del Berklee College of Music, y a sus 22 años de edad, que Anne E. Clark se unía a The Polyphonic Spree, una banda de rock psicofónico y pop coral, caracterizada por realizar presentaciones masivas en vivo, de hasta una treintena de integrantes. En ese entonces usualmente vestidos en túnicas de diferentes colores y bordados diversos.

The Polyphonic Spree es una banda de rock psicofónico fundada por Tim DeLaughter y oriunda de Dallas, Texas. Vía Entropy.

Aquello marcó el inicio de una relación simbiótica entre la artista y los escenarios, que se mantendría en pie a lo largo de 13 años. Más tarde, Clark reflexionaría con afecto: “Empecé tocando en esa banda y yendo de tour con ellos. En el intermedio estaba haciendo mi primer álbum en solitario. Y no he dejado de estar en tour desde entonces”, para después añadir, con sorpresa pretendida: “Por esto es que no tengo habilidades para la vida tangibles. Porque he estado en la carretera durante toda mi adultez”.

En 2007, y bajo el nombre de St. Vincent, debutó con Marry Me, un álbum de 11 pistas con una clara influencia jazz, producto de su formación académica, y el estilo Art rock, herencia de músicos como Frank Zappa y David Bowie.

Las referencias bíblicas en las letras impregnadas de una comicidad absurda dejaban entrever la fascinación de Clark con personificar los puntos de vistas de individuos situados a los márgenes de la sociedad, adversos a conformarse a las convenciones sociales que se imponen en un ambiente colectivo. 

Su segundo disco, Actor, pondría un giro más oscuro a la música de la artista, con una temática lírica dispersa e instrumentos de viento y orquesta. En este álbum, Clark logró manufacturar una atmósfera musical íntima inspirada en la estética idílica del cine animado clásico de Disney, Badlands y Picnic at Hanging Rock.

Canciones como Black Rainbow planteaban extractos de una visión abstracta y surrealista: “Hay un arcoíris negro sobre mi casa. Hace juego con las cortinas y los pisos. Creo que soy vidrio, creo que estoy rompiéndolo. Bola de demolición tras la puerta”.

Actor fue lanzado en 2009, bajo la disquera 4AD Records. Vía Discogs.

Strange Mercy ayudaría a la cantante a seguir su evolución con paso firme, en lo que puede considerarse su primera persona artística definida y que Clark describiría como un arquetipo de “ama de casa bajo los efectos de fenobarbital”.

El disco, concebido en relativo aislamiento en un estudio en Seattle, abordaba la relación de la artista con su sexualidad, sentimientos de abandono, los problemas legales de su padre y la objetificación de la mujer en una sociedad que la presenta como se muestra a una exhibición de museo.

Video de Cheerlader, de St. Vincent. Vía YouTube.

St. Vincent, por su parte, traería consigo el cambio más radical en cuanto a la estética de la artista. Aparentemente aún bajo la influencia del excentricismo de David Byrne, vocalista de la icónica The Talking Heads (con quien colaboró dos años atrás en Love This Giant), su cuarto disco se llenaba con la estridencia de instrumentos de viento y una ejecución más cómoda con la teatralidad.

De izda. a dcha: Anne E. Clark, David Byrne. Vía Genius.

Las presentaciones en vivo, como la música, también se volvieron más erráticas y explosivas. En el intermedio de su próxima producción discográfica, Clark incursionaría en la dirección, con el corto titulado The Birthday Party, protagonizado por Melanie Lynskey y parte de la antología de horror XX. El cortometraje exploraba el esfuerzo en vano de una madre de familia por ocultar la muerte accidental de su esposo, durante la celebración de la fiesta de cumpleaños de su hija.

El tema del absurdo y descenso a la locura transicionaría a su siguiente trabajo. En una entrevista con Billboard, Clark explicaba: “Cada álbum tiene un arquetipo. Este [Masseduction] es sobre una dominatrix en una institución mental. Realmente estoy tratando de patinar esa línea entre sexy pero bastante absurdo, y algo aterrorizante como resultado”.

En su ejecución musical, Masseduction, producido por John Congleton y Jack Antonoff, que este año también aparece en los créditos del Melodrama de Lorde, se constituye como su disco más apegado al convencionalismo del pop contemporáneo, con percusiones repetitivas y una atmósfera sintética que se traduce en una estética visual bastante plástica, superpuesta sobre colores primarios brillantes.

Las letras, por el contrario, se muestran más subversivas. En Los Ageless, por ejemplo, representa una crítica a la fijación con las cirugías plásticas, obvia referencia a la ciudad californiana de Los Angeles, infame por su obsesión con parámetros convencionales e inalcanzables de belleza.


Video oficial de Los Ageless, de St. Vincent. Vía YouTube. 

En definitiva, si algo deja en claro la trayectoria musical de St. Vincent es que nada es inamovible ni exento al cambio. A más de una década de carrera, la fijación de Clark con un constante proceso de transformación no da señales de ceder. Y por el bien de la innovación musical, espero que así se mantenga.


Masseduction está disponible en iTunes, Spotify y Amazon.