Anime: de artesanía a industria multimillonaria


A finales de 2004, el investigador Matsumoto Natsuki encontró una caja con antigüedades, en la que una vez fue la capital japonesa, Kioto. Como parte de su contenido, entre los que figuraban partes de cámaras de video, latas de películas y lámparas mágicas de juguete, resaltaba algo en particular: una tira de película de 35 mm.

Al ser proyectada, la secuencia de imágenes dibujadas directamente sobre el celuloide con tinta negra y roja mostraban, en un estilo impresionista y pocos segundos de duración, la figura de un niño que escribía sobre una pizarra las palabras Katsudō Shashin (en español, imágenes en movimiento), antes de hacer reverencia en dirección al espectador.

Se presume que Katsudō Shashin era un producto de consumo exclusivo. Vía YouTube.

Aquellos dos términos, Katsudō Shashin, pasarían a denominar al fragmento cuyo origen, se presume, data de 1907, y que es el trabajo de animación más antiguo del que se tenga registro en la historia del país asiático.

Una década más tarde, y de la mano de Oten Shimokawa, caricaturista político de la satírica Tokyo Puck magazine, aparecía Imokawa Mukuzo Genkanban no Maki, el primer corto animado en ser presentado frente a una audiencia.

En la actualidad, se desconoce de la existencia de copias supervivientes de la cinta de Shimokawa. Vía MyAnimeList.

El mismo año fue lanzada Namakura Gatana, de Jun’ichi Kōuchi. Esta película es la cómica historia de un samurái que, sin éxito, trata de probar su katana recién adquirida, entre los habitantes de una aldea.

 Video de Namakura Gatana. Vía YouTube.

Ya para la década de los veinte, la animación japonesa pasaba de la producción artesanal a dar los primeros pasos hacia la industrialización. Es en 1921 que nace el Kitayama Eiga Seisakujo, primer estudio de animación japonés, en aquel momento primordialmente dedicado a la producción de contenido educativo para el Gobierno.

Dos años después, el gran terremoto de Kanto, de 1923 , causaría la destrucción de gran parte de los estudios cinematográficos en Japón. Hasta más de una década después, el Shochiku Kamata sería el único estudio de pie en Tokio, hecho que cimentó su dominancia dentro de la industria durante la época.

Tokio, 1923. Vía OldTokyo.

De esta era de reconstrucción en la industria cinematográfica japonesa sobrevivirían trabajos como Kobu-Tori, Taro’s Train y Kuro Nyago.

A mediados de la década de los cincuenta, el estudio Nichido adopta el nuevo nombre de Toei Doga. Para entonces, el presidente del conglomerado, Hitoshi Okawa, ambicionaba competir con la popularidad de los trabajos de Walt Disney, importados al país tras la conclusión de la Segunda Guerra Mundial. Entre las primeras cintas del ahora icónico estudio figuraban  Koneko no Rakugaki y Hakujaden.

“Hakujaden” es el primer film de anime a color en la historia. Vía i.pnimg.com.

Las pretensiones de Okawa no se materializaron hasta los sesenta, y de la mano de un estudio diferente a Toei, Mushi Productions, que en 1963 televisaba Astroboy, la serie que narraba las aventuras de un niño-robot que combatía el crimen.

Inspirada en el manga Mighty Atom, de Osamu Tezuka, el programa se convertiría en el primero de su clase en ser exportado a suelo estadounidense y transmitido a través de la cadena NBC.

A partir de la década de los setenta y ochenta, y a consecuencia de la emergente obsesión con el género mecha, trabajos como Mazinger Z, Space Battleship Yamato y Mobile Suit Gundam comenzaron a ganar relevancia entre las audiencias originarias de países árabes y de habla hispana.

Esta época también marcaría el establecimiento de uno de los estudios más insignes de la animación contemporánea: Studio Ghibli, fundado en 1985 por los antiguos empleados de Toei, Hayao Miyazaki e Isao Takahata.

De izda a dcha: Isao Takahata y Hayao Miyazaki, cofundadores de Ghibli. Vía Oh-totoro.

Diez años más tarde, el estudio GAINAX, nacido un año antes que Ghibli, llevó a Neon Genesis Evangelion a la vida.

Fue durante este contexto que Japón experimentó una recesión económica, misma que limitó el presupuesto de algunos estudios de animación y obligó a cerrar a otros. No obstante la crisis, lo que restaba de la década vio la popularización del anime en el oeste, a través de otras series como Sailor Moon, Dragon Ball Z, Robotech, Fuerza G, Mobile Fighter G Gundam, Cowboy Bebop y Pokemón.

Con la llegada de un nuevo siglo, la estética de la animación japonesa sufriría cambios. Los estudios de animación comenzaron a favorecer líneas, sombras y facciones más suaves, así como una anatomía cada vez más lejana de la realidad en el diseño de los personajes.

Evolución en el diseño del anime. Vía Kotaku.

Por otra parte, y a pesar de la dominancia de series de la clase de One Piece, Naruto y Bleach, la nueva era abrió paso a una nueva tendencia, evidenciada desde la publicación de filmes como Akira y Perfect Blue, hacia el tratamiento de tramas y temas de mayor complejidad.

Las últimas dos décadas han visto la aparición de material más orientado hacia adultos, como Death Note, Hellsing, Shingeki no Kyojin, Fullmetal Alchemist: Brotherhood, Gantz, Tokyo Ghoul y Elfen Lied. Mismo que parece coincidir con el creciente interés de la industria cinematográfica por realizar adaptaciones en live-action de historias originales de anime.

Para 2018, las predicciones de la Asociación de Animación Japonesa (AJA) proyectan un crecimiento estable en la industria animada. Estas predicciones parecen acertadas, con base en el éxito de trabajos como Your Name, de Makoto Shinkai. Esta película dominó la taquilla del país nipón, y produjo ventas en el extranjero que excedieron los USD 6,000 millones, dentro de los que figura la contribución de USD 100 millones que realiza la plataforma de streaming de anime Crunchyroll a la industria, en concepto de regalías.

Sin duda, dado el panorma, todo apunta a que habrá anime para rato.