Lecciones de “La forma del agua” sobre amar y ser diferente

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Hace poco leí que La forma del agua era el clásico cuento para adultos: con la introducción típica del “Había una vez…”, circunstancias improbables, una historia de amor más que típica, un enemigo y un héroe… todo parecía apuntar a que esta película era un poco más de lo mismo.

Eso parece ser La forma del agua… eso parecía ser. Pero ayer que fui a verla al cine me di cuenta de que va más allá de eso: es un precioso relato visual, en tonos verdes y turquesa, y con todo muy a lo década de los sesenta, que nos habla del amor, del compromiso, del poder, del abuso de este y de la marginalización. Es una metáfora de la vida.

Y sí, también es un filme-denuncia, pero encubierto bajo una bonita pátina vintage y una historia más que romántica que cualquier corazón solitario quisiera vivir.

Cargada de simbolismo, La forma del agua es, como mencionaba, muchas historias en una, muchos temas en uno. Y como esta película esconde más de lo que muestra, aquí les dejo una serie de lecciones (sobre el amor y la vida) que me parecieron más que fascinantes, y que se esconden tras esta historia de un amor improbable:

Sobre el amor

Si no encuentras el amor… puede que no hayas buscado a alguien tan raro como tú (o más raro)

A veces buscamos a alguien “estándar” o de cierto tipo, porque queremos ser así. Pero, si ya somos frikis, raros, extraños, diferentes y tenemos nuestras propias locuras… ¿por qué no buscar a alguien igual o similar? Un Dios del Agua solo puede conectar con alguien parecido a él. Con quien entienda el significado de la música, del silencio, del contacto físico, del agua.

Si estás fallando en el amor, puede que no estés buscando a un Dios o Diosa del agua. Es decir, puede que no estés buscando en el lugar o a la persona indicada.

A veces no nos atrevemos a amar por miedo… porque creemos que el otro no es la persona “indicada” para nosotros. Vía cocalecas.com.

El amor significa compromiso… y aprender de las diferencias y semejanzas entre ambos

Eliza es humana y el Dios del Agua… bueno, una criatura con cuerpo de gigante fisicoculturista, branquias y ojos como los de Avatar. Ella no habla y él tampoco, pero ambos establecen un lenguaje en común. Para los demás, ella es distinta. Para él, ella es ella. Él tiene costumbres extrañas (no haré spoiler, no se preocupen), y ella, simplemente, aprende a entenderlo y valora lo que la relación le aporta a su vida, aunque ambos sean de dos mundos diferentes.

El compromiso del uno para con el otro es uno de los puntos medulares de la historia, así como el compromiso que demostró Ruth, la moabita de la historia bíblica, a quien se hace referencia (muy a propósito) en el título de la película que se exhibe en la marquesina que aparece en varias escenas.

Marquesina que aparece en “La forma del agua”. Vía Scott Lightfoot.

A veces, todo parece apuntar a que el otro es un ser salido de otro planeta, un verdadero extraterrestre muy diferente a ti. Pero la realidad es que también, a veces, uno no se da cuenta de que también es percibido de esa manera. Así que no hay por qué tener prejuicios. Vía Animationmagazine.com.

Si la felicidad llega a tu vida… no la dejes escapar

La felicidad y el amor no tienen el rostro o la forma que esperamos. O que siempre quisimos. Pero algo es claro: cuando estos elementos llegan a tu vida, no los dejes escapar. Aunque hable otra lengua, sea de otra nacionalidad, sea diferente a ti o de otra edad, sea de otro planeta… pero si te ama, te respeta y son felices, ¿por qué no intentarlo?

Si te enriquece y te hace ser (y sentir) mejor… dale una oportunidad a la felicidad. Vía Laverdadnoticias.com.

Sobre la vida

Cuando los marginados se unen… el poder instaurado se puede venir abajo

La forma del agua es una película de marginados. Hay una criatura marina, una mujer muda, un homosexual, una afroamericana: todos sumergidos en la década de los sesenta, homófoba y racista.

Relegados a la incomprensión, a la soledad o a ser la capa de la sociedad dedicada a los trabajos que “no se ven”, pero que son más que necesarios, este grupo de personajes aprende que la mejor forma de sobrevivir es ayudándose mutuamente. Y solo de esta forma son capaces de darle la vuelta al sistema.

La mejor forma de actuar es con la ayuda de otros. Vía The National.ae.

Ser diferente es cool

Recuerdo cuando era la rara de la escuela. Y cuando lo seguí siendo mucho tiempo después… y parecía que la racha no terminaba. Si siempre has sido diferente, esta película es para ti. Te recuerda que ser extraño no tiene por qué ser malo, sino que, al contrario, es bastante cool.

Ser tímido, hipersensible, curioso… o tener escamas. ¿Por qué esas características tendrían que ser debilidades, cuando, en realidad, se pueden convertir en fortalezas? Vía mlive.com.


Mi opinión de La forma del agua: que tal vez no sea lo mejor de Guillermo del Toro, pero que es de esas películas que todos debiéramos ver y desentrañar. Porque es sumamente simbólica (ojo: el predominio de los colores verdes en las escenas significa algo). Porque es una historia-metáfora. Porque la fotografía te enamora. Porque uno de sus discursos encubiertos es que las personas diferentes prometen ser el futuro. Porque es una versión liberadora de una especie de sirenita moderna. Porque es el drama de lo que significa encontrarse a uno mismo en el otro.

Debiéramos verla porque es una historia circular, en la que cada detalle cuenta y cierra el círculo de la historia (¡me encantan las películas así!). Porque es una película que nos cuenta que ser diferente está bien. Que hay diferentes formas de amar. Y que el amor puede no ser como lo pintan, pero que, de igual forma, si de verdad es amor (aunque tenga escamas, no sepa pronunciar ni una palabra y sea verde) será hermoso.