Porque el romance no lo cura todo: la fragilidad del amor en el cine


Que las comedias románticas constituyan una de las clasificaciones más rentables en la industria del cine, no representa sorpresa alguna: tan solo en 2017 el género facturó aproximadamente USD 85 millones en territorio norteamericano.

Ante el interés por dicha categoría filmográfica se vuelve pertinente virar la atención a aquellos trabajos que elevan el romance a su máxima expresión, aunque no siempre con desenlaces positivos. Entre ellos algunas comedias (pero de las buenas):

N.º 1: In The Mood For Love (Kar-wai, 2000)

El director chino Wong Kar-Wai es notorio por no utilizar guiones durante la grabación de sus películas. Vía FilmStruck.

Chow Mo-wan (Tony Leung Chiu Wai) y Su Li-zhen (Maggie Cheung Man-yuk) son dos vecinos en la sobrepoblada Hong Kong, cuyas parejas se encuentran generalmente ausentes, en lo que argumentan ser viajes de negocios. Al eventualmente corroborar la infidelidad de sus respectivos cónyuges, ambos encuentran alivio en la compañía del otro.

No obstante, cuando sus sentimientos románticos se vuelven evidentes, Mo-wan y Li-zhen se ven confrontados con el peso moral de la probabilidad de rebajarse al nivel de sus adúlteros compañeros de vida.

El largometraje de Kar-wai es notable por una implacable emotividad representada a través de silencios, contactos breves y miradas furtivas, que recalcan la imposibilidad de un futuro en común entre sus protagonistas.

 Tráiler oficial de “In the Mood for Love”. Vía YouTube.

N.º 2: Brief Encounter (Lean, 1945)

En la víspera de la Segunda Guerra Mundial, la ama de casa Laura Jesson (Celia Johnson) y el doctor Alec Harvey (Trevor Howard), cuya relación es propiciada por un fortuito encuentro en una estación de tren, comienzan a desarrollar sentimientos el uno hacia el otro.

Nunca consumada, la suya es una relación que transcurre en salas de cine, cafés de estación de tren y pasillos oscuros de subterráneo. El peso de su deber hacia las familias de quienes se saben responsables siempre está subyacente a lo largo de sus interacciones.

Desde los primeros minutos de la cinta, Brief Encounter se distingue de otros clásicos del romance, al seguir una estructura inusual para la época en que sus protagonistas son introducidos como personajes de fondo, durante su último encuentro. Hacia el final de la película, aquella interacción, aparentemente intrascendente en un principio, cobra un significado monumental para la audiencia.

 Tráiler oficial de “Brief Encounter”. Vía YouTube.

N.º 3: Parting Glances (Sherwood,1986)

Parting Glances figura entre las primeras películas estadounidenses en abordar la pandemia del sida de los ochenta. Vía Cinema.de.

El largometraje de Bill Sherwood se centra en la historia de Michael (Richard Ganoung), un editor de 28 años de edad, quien cuida de su exnovio diagnosticado con el Virus de la Inmunodeficiencia Humana (VIH), Nick (Steve Buscemi).

A medida que su actual pareja, Robert, un exitoso profesional, se prepara para emigrar a África por cuestiones de trabajo, Michael se ve atormentado por sus sentimientos hacia un debilitado Nick y la inevitable perspectiva de un futuro sin este.

Aunque la entrega de diálogos resulta a veces forzada, Parting Glances brilla principalmente por la química entre Ganoung y Buscemi, vital para impregnar de realismo a la cinta.

 Tráiler oficial de “Parting Glances”. Vía YouTube.

N.º 4: Harold and Maude (Ashby, 1971)

El soundtrack de la comedia negra fue compuesto por el inglés Cat Stevens. Vía VHS Rewind!

Harold (Bud Cort), un adinerado veinteañero fascinado con la muerte y elaboradas representaciones de su suicidio, inicia una inesperada relación con la excéntrica Maude (Ruth Gordon), una anciana octogenaria pero vivaz, a quien conoce casualmente durante un funeral.

Ciertamente la representación de amor más positiva de esta lista, y la estructura de relación más estable, en última instancia el obstáculo insuperable para Harold y Maude resulta ser el paso del tiempo mismo.

Por otra parte, quien se enfrente por primera vez a la cinta de Ashby no tardará en detectar similitudes entre la estética del trabajo del estadounidense, desde la tendencia a favorecer la simetría hasta el particular soundtrack, y cineastas contemporáneos como Wes Anderson.

 Tráiler oficial de “Harold and Maude”. Vía YouTube.

N.º 5: Ain’t Them Bodies Saints (Lowery, 2013)

Tras un enfrentamiento armado con el departamento de policía local, del que un oficial resulta herido de bala, Bob Muldoon (Casey Affleck) acepta la culpa por el crimen de su embarazada novia, Ruth Guthrie (Rooney Mara).

Contextualizada en la Texas de los setenta, la historia a la Bonnie y Clyde intercala entre la perspectiva de un Muldoon decidido a escapar de prisión con motivo de reencontrarse con su familia, y una Guthrie que trata de crear un ambiente estable para la hija de 4 años de ambos, Sylvie.

Aunque sutil, y sin grandes revelaciones, Ain’t Them Bodies Saints vuelve tangible la necesidad mutua que sus protagonistas experimentan hacia el otro.

 Tráiler oficial de “Ain’t Them Bodies Saints” Official Trailer #1. Vía YouTube.

“Ain’t Them Bodies Saints” está disponible en Netflix.

N.º 6: Blue Is The Warmest Colour (Kechiche, 2013)

El largometraje está basado en el cómic homónimo de Julie Maroh. Vía The Cinemaholic.

Blue Is The Warmest Colour relata el trayecto de autodescubrimiento de la adolescente Adèle (Adèle Exarchopoulos), quien inicia una apasionada y a la vez conflictiva relación con la estudiante de arte Emma (Léa Seydoux), misma que progresivamente sufre cambios a medida que la primera se introduce a la adultez.

Plagada de escenas que parecieran diseñadas para poner a prueba la resistencia de la audiencia ante situaciones incómodas y un sentimiento de inadecuada invasividad, el filme de origen francés es un retrato visceral del deseo.

 Tráiler oficial de “Blue Is The Warmest Color”. Vía YouTube.


No obstante su carácter, que quizá podría ser catalogado como trágico, las cintas antes mencionadas son muestra fehaciente sobre el impacto de la experimentación romántica en el proceso de formación del ser humano. Tal como lo decía el poeta Alfred Tennyson: “Es mejor haber amado y perdido que jamás haber amado”.