Mis placeres culposos: series, cine y música a escondidas

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Hace poco me crucé con un artículo acerca de películas que todos odian, pero que son sorprendemente buenas. No puedo decir que coincidí con el artículo, o que cambié mi parecer acerca de The Village (2004) de M. Knight Shyamalan, pero sí me hizo pensar en mis placeres culposos.

¿Cuáles son esas cositas que veo, o escucho, y que me dan un poco de vergüenza? Así como Carrie Bradshaw tiene SSB (Secret Single Behavior), y los define en la temporada 4 de Sex and the City, yo tengo mis hábitos de consumo secretos (y culposos, lo admito).

Series

Ok, Sex and the City no es un placer culposo. No tartamudeo cuando digo “he visto todas las temporadas”. Yo me metí, sin que me invitaran, a la fiesta de mujeres de otra generación y empecé a visitar el mundo de Carrie, Charlotte, Miranda y Samantha. Aprendí, entre los 14 y los 18 años, lecciones cruciales, como “deja ir a tu ex”, o “puedes salir vestida de alfombra, y no pasa nada.”

 

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¿Me enorgullece? Eso es discutible, sobre todo porque a la hora de conocer a alguien, siempre importa cuántas cosas tenemos en común, como si nos gustara que nos pareciéramos. Y por eso me pregunto: ¿Le gustaré menos a mi futura pareja cuando descubra mi amor por New Girl?

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Es mi placer culposo… así que era de esperar que estuviera pendiente de los episodios de New Girl. Vía Fórmula TV.

Sí, aunque la trama y los personajes son maquetas fáciles (probablemente copiadas), yo me vi varios episodios de esta serie con la caricaturizacion del manic pixie dream girl, 10 años después de que haya pasado de moda.

 

Música

Y aunque puedo decir: —Sí— firmemente — Yo escucho de todo (disco, cumbia, rap, rock alternativo… y también bailo bachata)—, me cuesta admitir mis gustos por otros géneros.

Confesar mi amor por Aerosmith me persiguió a lo largo de mi última relación. Claro, ya no soy la joven que hacía fan art y soñaba con casarse con Steven Tyler, pero aún sostengo que Last Child es una canción preciosa. Ya no uso mi camiseta del 2001 del Rock n’ Roller coaster, pero todavía tengo registrada en mi memoria la letra de buena parte de la discografía.

Esta es mi canción favorita: Last Child. Vía Youtube

Quienes me conocen saben y respetan mi apego a la banda americana, pero se sorprenderán más por mi amor (secreto) por Britney Spears. Muchísimas de sus canciones me parecen brillantes y me dan ganas de bailar con una silla, a lo Stronger.

 

Adoro esta canción noventera. Vía Youtube.

Nunca me opongo cuando en una fiesta aparece alguna de sus canciones. Mi única queja es que no hay suficientes amantes de la canción My prerogative, ni de Overprotected. Quizás esto es puramente resultado de crecer oyendo The Immaculate Collection, de Madonna.

 

Películas

Los años de consumir cine de todo tipo (desde Dumbo, hasta El Imperio de los sentidos) me han enseñado un poco a distinguir entre lo vergonzoso (que guardas para ti mismo) y lo que recomiendas (“¡No te imaginas la genial película rumana que descubrí el otro día! Tienes que ver esta joya difícil de conseguir, en su idioma original con subtítulos mal hechos.”)

Pero la verdad es que no siempre tengo ganas de ver de mis películas francesas favoritas. A veces tengo ganas de ver Nacho Libre, o Rudo y Cursi. Tras verlas una noche de día de semana con uno de mis mejores amigos, estas dos películas se han convertido en hallazgos casi tan icónicos como Amores Perros e Y tu mamá también.

Ana de la Reguera actúa en Nacho libre. Vía Pinterest.

Ahora me atrevo a decir que me gusta Rudi y Cursi. Vía Cinépolisclick.

Sin embargo, nadie me escuchará decir en voz alta que me encanta cuando Jack Black en Nacho Libre dice “some niños”, ¿o sí?

Y, aquí entre nos, no soy muy buena con la tecnología. Me cuesta mucho ver algo en línea (películas, series…). Un ejemplo es que no he logrado hacer cuenta en Netflix y tengo apenas un año de haber cambiado YouTube por Spotify.

Como no encuentro la forma de ver películas en línea, cuando tengo ganas de ver algo que no me haga pensar, acudo a Going the distance con Drew Barrymore y Justin Long. ¿Por qué lo hago?: Bueno, porque… ¿por qué no?

Ese DVD pirateado llegó a mis manos y desde entonces he reído y llorado con el encuentro amoroso pero averiado entre una periodista y un productor de música. La película es inverosímil, llana y, prácticamente, una pérdida de tiempo… sin embargo, la amo.

No me queda más que aceptar que me gusta esta película. Vía Amazon.com.

En general, mi consumo cultural es tan imperfecto como mi cutis después de un mal día.

Solo me falta decir que ya cambié mi poligamia literaria y ahora leo solo un libro a la vez. Y empecé con esto de los podcasts hace poco, para ir oyendo algo interesante en los tiempos muertos, como cuando uno está en las salas de espera (o durante las caminatas dramáticas en el frío extranjero).

A mí me divierte, sobremanera, hablar de una buena estructura narrativa, y ¿a quién no le gusta un buen debate sobre lucha de clases? Sin embargo, un encerrón de películas de superhéroes no está nada mal, de vez en cuando, sobre todo si Jesse Eisenberg interpreta a Lex Luthor.

Vería cualquier cosa con Jesse Eisenberg y con James McAvoy. De hecho, ellos son mis verdaderos placeres culposos.

 

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