“Este año voy a…”: qué hacer y no hacer en el 2018


“Ya hiciste tu lista de resoluciones, Paty?”

Hace ratos me rendí con las listas minuciosas que enumeran no una, sino varias metas ambiciosas. Como amante de hacer listas, deporte que practico desde que aprendí a usar libretas baratas, nunca me faltaba la lista de resoluciones de Año Nuevo.

En 2008 me propuse conseguir un cuerpo de yogui que no desarrollé. En 2009 dije que iba a ser más aventurera e, incluso una meta tan abstracta como esa, me fue difícil de cumplir. Los típicos propósitos, como empezar a ir al gimnasio y bajar de peso, también formaban parte de mis listas, como un recordatorio de (falta de) fuerza de voluntad.

Pero aún así, con el fantasma de mis resoluciones no cumplidas atrás, me quiero proponer varios propósitos. Que sean flexibles y, por eso, alcanzables. Que equilibren el bajón de fin de año y la avalancha de recuerdos que Facebook se toma la molestia de compartir.

La típica interrogante: ¿de verdad merece la pena escribir listas de propósitos? Vía Giphy.

Mi nueva manera de delimitar las resoluciones de Año Nuevo es en tres simples categorías: más, menos y mejor.

Más

¿Hay algo que te hace bien? Si es así, entonces imagina la satisfacción que puedes cosechar al hacer más de eso. En mi caso, el ejercicio está en los primeros puestos de la lista. Los beneficios son tantos, que bien vale la pena hacer más todos los días (es algo que me digo cada lunes). Y puede que así, quizá algún día, llegue a tener estamina de vikinga, y pueda escalar todas las montañas y volcanes que desee.

Así que este año voy a hacer más ejercicio. Y también veré más películas y dormiré más, porque ya pasaron de moda las noches en vela y las ojeras. Y si hay más postres en mi vida, mejor.

Si ellos (los gatos) pueden, ¿por qué yo no? Vía Giphy.

Menos

Para determinar qué es lo que debo reducir, he mirado hacia atrás. Estrés, ese es el ganador en mi lista de “Aquello de lo que quiero menos”.

Este año quiero menos estrés y menos errores, algo fácil de cumplir si lo abordo de la siguiente manera: escuchar cuando el cuerpo y la mente pidan descanso, y pensarlo dos veces antes de comprometerme a hacer algo.

Y es que cuando me proponen un proyecto, acepto y sacrifico tiempo para mí. Y cuando se me ocurre una idea genial, la quiero ejecutar de inmediato, lo cual me pone en grandes aprietos.

Reduciré la sobrecarga de trabajos y proyectos, y dejaré mis ideas en remojo unos cuantos días, antes de llevarlas a la práctica. Y así, quizá, el 2018 cometa menos errores, en comparación con otros años (aunque quién sabe, pero tendré las expectativas altas).

Cuidarme, mimarme, darme tiempo… Vía Giphy.

Mejor

¿Por qué agregar ideas a una lista ya exhaustiva de propósitos pendientes, cuando puedes mejorar lo que ya haces? Lo primero que debo mejorar es mi trabajo. Hace dos años renuncié a mi trabajo fijo y, con el paso del tiempo, superé la ansiedad de no depender de una estructura externa para ponerme a trabajar, y armar la mía.

Aunque tenga la disciplina, la confianza, la ambición (o idealismo) de seguir adelante, sé que tengo que mejorar en ciertos aspectos… y que ello necesita de, pues, tiempo. Pero vale la pena: porque mejorar la manera en la que distribuyo mi tiempo, al final, me ayudará a trabajar mejor, y a estudiar mejor.

Y es que quiero estudiar más, y aprender otro idioma. Al tener mayor claridad de qué hacemos con nuestra vida profesional y nuestro tiempo, tendremos mejor disposición para todo lo que sigue. Sí, me refiero a familia, amigos y relaciones afectivas. Y relación con tu mascota, eso también.

Para todo me hace falta… tiempo. Vía Giphy.

Para mí, plantear propósitos no es proponer grandes cambios. Esos vienen en su momento. Se trata de mejorar, ¿no? De cambiar hábitos, de ejecutar ideas.

Más ejercicio, menos estrés, mejorar mi trabajo… esas son algunas de mis resoluciones, pero cada quien tendrá las suyas. Si te decides a hacer una lista de lo que te propones para este año, trata de acercarte a ellas cada día. Y si en el transcurso de este año se te ocurre otro propósito, no esperes hasta el próximo mes de enero.

Aún no he aprendido a andar en bicicleta, y no puedo tocar el piano, y sigo siendo mala en yoga (prueba de ello es que, cada vez que voy a una clase de yoga, mis profesoras siempre me preguntan si es mi primera clase… mi primera vez fue en 2002)… Pero ahí voy. Porque no se trata de ser perfectos, sino de perfeccionarnos. 

¿Tocar piano? Quién sabe si lo logre este año… pero tal vez después. Vía Giphy.