Leer, ver y morir de amor: “Como agua para chocolate”


Las novelas románticas son mi debilidad. Me derrito cada vez que leo las historias de dos amantes, aunque parezcan ser amores imposibles. Pero ¿saben qué es mejor? Cuando lo romántico se mezcla con lo fantástico del realismo mágico. Por esta razón, Como agua para chocolate está entre mis novelas favoritas de siempre.

La primera vez que la leí tenía unos 17 años. Para ser sincera, decidí leerla más por curiosidad que por gusto propio, aunque el libro me terminó gustando. Pero si hablamos de que Como agua para chocolate me encanta, esa historia se remonta hasta hace un par de semanas, cuando al leer las últimas dos páginas del libro no podía contener las lágrimas. Ahí ocurrió esa conexión mágica.

Laura Esquivel, escritora mexicana. Vía www.emol.com.

Laura Esquivel publicó esta novela en 1989. A través de 12 recetas típicamente mexicanas, se cuenta la historia de amor de Pedro y Tita, la menor de las tres hermanas de la familia De La Garza. Pero este amor se ve imposibilitado debido a una antigua tradición familiar, que dicta que la hija menor debe permanecer soltera para cuidar de su madre hasta la muerte.

Los recursos literarios usados por Esquivel son bastante interesantes. En primer lugar, el uso de la gastronomía mexicana como un instrumento y una metáfora para contar la historia de los protagonistas. Tita, desde antes de nacer, estaba predestinada a la cocina. Así, con la famosa rosca de reyes y el chocolate, o con unos bien conocidos chiles en nogada, su amor y sus emociones se liberan, se frustran, se contagian y se realizan.

Tita (Lumi Cavazos) en la cocina, escena de la película Como agua para chocolateVía cinefila.mx.

Al hablar de cómo se le ocurrió basar el libro y su estructura en recetas, Laura Esquivel menciona:

En mi familia la tradición culinaria es muy, muy grande. Yo siempre había deseado trasladar esta experiencia culinaria, mezclarla con mi propio pasado familiar y hacer una serie de cuentos. […] Entonces decidí mejor inventar una familia imaginaria, en la cual las recetas también habían sido parte fundamental de su historia.

A la vez, el realismo mágico le agrega emoción a la narración. Tal es el caso de cuando las lágrimas derramadas en la mezcla de un pastel de bodas intoxican de nostalgia a todos los invitados que lo comen; o que unas rosas de color rosado se conviertan a rojas, porque Tita las abrazó con tanta fuerza que las espinas provocaron que se tiñeran con la sangre de ella. Son todos estos detalles los que realzan lo que están sintiendo y viviendo los personajes, y ayudan a que el lector logre una conexión con ellos.  

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Portada del libro, editorial Debolsillo. Vía leelibros.com.

Pero la emoción de la novela está en todos los aspectos. Los personajes, por ejemplo, con sus características e historias hacen que la trama sea llevadera y entretenida, y también representan partes del ser de Tita: lo que ama, lo que la hace feliz, los obstáculos y enemigos. Como Mamá Elena, su madre, que cumple a la perfección el papel de villana y opresora.

Asimismo, Como agua para chocolate ha sido traducida a más de 30 idiomas y se ganó un lugar en la lista de las 100 mejores novelas en español del siglo XX, que publicó el periódico español El Mundo.

En fin, podría seguir hablando y hablando del libro, sin parar, pues en mi opinión Laura Esquivel verdaderamente hizo un trabajo magistral, al escribir una historia que enamora a través de la cocina y que anima a seguir leyendo, más y más.

Ahora, pasando a lo audiovisual, el libro fue adaptado al cine en 1992. Y la guionista fue, nada más y nada menos, que la misma Laura Esquivel. Para empezar, me parece una genialidad que ella haya escrito el guión cinematográfico, porque ¿quién conoce mejor un libro que su propio autor? Sin duda, Esquivel logró encontrar ese balance perfecto entre mantener la esencia del libro y dejar pasar los acontecimientos menos significativos de la novela.

 Tráiler de la película “Como agua para chocolate”. Vía YouTube.

No les voy a mentir: hay ciertos detalles que difieren con el libro, como la muerte de Mamá Elena. Pero no podemos olvidar que es una adaptación, después de todo. Y claro, tampoco hay que olvidar que en los créditos de la película se especifica, claramente, que esta está “basada en…”, así que no podemos esperar una réplica de la obra original. Sin embargo, esos detalles no alteran en la pantalla el amor que existe entre Tita y Pedro.

La ambientación y escenografía, por otro lado, son excelentes. La película te hace sentir como que todo ocurre en una auténtica villa mexicana de inicios del siglo XX, y lo mismo pasa con el vestuario, los peinados y el maquillaje.

En lo personal, si tuviera que mencionar algún aspecto que no me gustó tanto de la película, sería la conexión de Tita con la cocina. Me habría gustado que esta se mostrara más en la pantalla, que se lograra transmitir mejor. En ese aspecto, me quedó debiendo.  

Póster de la película (1992). Vía www.filmaffinity.com.

En cuanto a premios, Como agua para chocolate ganó 10 de los 14 premios Ariel —de la  Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas— a los que estuvo nominada en 1992, entre ellos el de mejor película, mejor dirección y mejores interpretaciones principales masculina y femenina. También fue nominada a un Globo de Oro como Mejor película en lengua extranjera, en 1993. Y la lista de nominaciones y premios ganados continúa.

Al final de cuentas, es una buena adaptación. Así que, si los libros no son lo tuyo, adelante, ve a ver la película. En cambio, si lo que buscas es experimentar las sensaciones de los personajes y lo que están viviendo, siempre será una mejor idea leer el libro.