De cómo la primera mujer en ganar el Nobel de Literatura salvó a otra futura Nobel de Literatura


¿Sabías que la primera mujer que ganó un Premio Nobel de Literatura le salvó a la vida a otra mujer que, más tarde, también ganaría ese prestigioso galardón? De vez en cuando, la historia tiene estos peculiares eventos que nos devuelven la esperanza en la humanidad.

Esta historia, además, nos hace pensar en los muchos personajes femeninos que hicieron acciones importantes y heroicas, pero de cuya existencia poca gente sabe. Un caso es el de Selma Lagerlöf, a quien te vamos a presentar este día.

Selma Lagerlöf fue novelista, educadora y feminista. Vía thougtdot.com.

Selma nació en Marbacka, Suecia, en 1858, en el seno de una familia modesta. A pesar de que su núcleo familiar era de pocos recursos económicos, logró estudiar magisterio gracias a su hermano mayor. Fue esta educación la que le permitió, tras graduarse, ejercer de maestra durante diez años en la ciudad de Landskrona.

Sin embargo, más que la docencia, su verdadera pasión era la literatura, vocación que descubrió debido a que, desde pequeña, sufrió problemas físicos en su cadera, lo cual la alejó de los juegos infantiles y de la compañía del resto de niños. Esa carencia, no obstante, era compensada por el tiempo que invertía en leer de manera ávida. Tal y como sucedió con otro gran escritor: Proust.

Escultura de Selma Lagerlöf en el museo Dalarnas. Vía InvertedSheep.

Años después, cuando ejercía como maestra (específicamente en 1895), Selma dio un paso muy importante y se dedicó de lleno a la escritura. Aunque sabía que sería difícil vivir solo de su narrativa, se atrevió a hacer el intento de vivir de escribir. Y su entrega tuvo un magnífico resultado: En 1909 ganó el Premio Nobel de Literatura, con lo cual se convirtió en la primera mujer en conseguirlo.

He aquí un fragmento de uno de sus libros:

Una vez hubo una mariposa que medía varias millas; sus alas eran anchas como lagos, azules como reflejos de plata, y tan bellas, que los otros animales se detenían a contemplarla cuando volaba. La desgracia quiso que llegara a ser demasiado grande. Sus alas sosteníanla difícilmente.

Mas todo hubiera ido bien si hubiese tenido la prudencia de no volar más que sobre la tierra; pero un día se aventuró sobre el Báltico y a poco el aire de la tempestad azotaba sus alas. Ya adivinarás, Erik, lo que debía ocurrir, estando expuestas las gráciles alas de la mariposa al furor de una tempestad en el Báltico. Las ráfagas de viento le arrancaron las alas, arrastrándolas lejos, y la pobre mariposa cayó al mar.

Y llevada y traída por las olas fue a morir sobre algunos escollos de la costa de Esmaland, donde yace tendida a lo largo.

Yo supongo, Erik, que si el cuerpo de la mariposa hubiera reposado sobre la tierra, hubiérase pronto convertido en polvo; pero como cayó en el mar se ha impregnado de cal y sus restos son duros como la piedra. Recuerda las piedras que hemos encontrado en la ribera y que no son más que gusanos petrificados. Creo que esto mismo es lo que le ha pasado al cuerpo de la mariposa grande y hasta pienso que se ha transformado en una roca larga y estrecha que hay en medio del Báltico.

Fragmento de El maravilloso viaje de Nils Holgerson, de Selma Lagerlöf

La Saga de Gosta Berling, un clásico poco conocido en Latinoamérica, pero reverenciado en Europa. Vía Casa del Libro.

“El Maravilloso viaje de Nils Holgerson es otro de los libros por los que es conocida la escritora. Vía Casa del Libro.

Además de escritora Selma era feminista, y además de moverse en el mundo intelectual, también lo hacía en el de las feministas más vanguardistas de aquella época. De hecho, una de sus amistades fue la feminista sueca Sophie Adlersparre, quien fue clave en su introducción al mundo literario.

Otra mujer, siempre de nombre Sophie, también fue importante en su vida y en su formación: me refiero a la escritora Sophie Elkan, una sueca de familia judía. Ambas revisaban mutuamente sus obras y mantuvieron correspondencia que más tarde fue recopilada en un libro titulado Me enseñas a ser libre (sin duda, un título muy bello para representar la amistad que construye y nutre).

El círculo de amigas de Selma incluía a personas de diferentes nacionalidades, muchas de ellas lideresas en sus profesiones, feministas adelantadas a su tiempo e intelectuales que tenían las agallas suficientes para abrirse camino en un mundo en el que prevalecían muchas más trabas para las mujeres, en comparación con las que prevalecen la actualidad. Fue así como Selma se nutrió del contacto y la experiencia de mujeres sobresalientes.

Fue gracias a estas mujeres que Selma encontró su voz literaria y afianzó su sistema de valores y creencias. Su estilo narrativo se consolidó de tal modo que, cuando estalló la Segunda Guerra Mundial, la escritora ya gozaba de notoriedad. Por esa razón (y por la credibilidad y la red de contactos que tenía), una amiga alemana se puso en contacto con ella, en 1939, para pedirle ayuda y salvoconducto para una mujer judía y su hija.

Selma hizo todo lo que estuvo a su alcance para ayudarles. Y logró su propósito, pero lastimosamente murió en 1940… antes de tener la dicha de ver sus esfuerzos cumplidos, pues la mujer alemana y su hija lograron escapar del horror nazi y llegar sanas y salvas a Suecia. Ellas, a su vez, tampoco pudieron conocer a su salvadora.

La poeta alemana judía Nelly Sachs, también ganadora del premio Nobel en 1966. Vía ojl-beuth.

La acción de Selma marcó para siempre la vida de Nelly Sachs, la hija de la mujer alemana judía que logró escapar. Nelly, desde antes de migrar a Suecia ya escribía, al igual que su salvadora. Con el paso del tiempo decidió hacer de la escritura el centro de su vida, y fue así como se convirtió en una excelente poetisa que, en 1966, ganó el Premio Nobel de Literatura.

En su discurso de aceptación, dio tributo a su salvadora, por medio de estas palabras de agradecimiento:

En el verano de 1939 una amiga alemana vino a Suecia a visitar a Selma Lagerlöf para pedirle que encontrase un refugio para mi madre y para mí […] En la primavera de 1940, después de meses tortuosos, llegamos a Estocolmo. Ya se había producido la ocupación de Dinamarca y Noruega. La gran novelista ya no estaba.

Aunque las dos escritoras nunca se conocieron en persona, sí conocieron sus obras antes de que la madre y la hija migraran a Suecia. A los 15 años, Nelly leyó La saga de Gösta Berling y le impactó de tal manera que escribió a Selma. Posteriormente, Selma leyó algunos poemas de Nelly en la publicación Leyendas y Relatos y, de igual manera, escribió a Sachs por la grata impresión que le dejaban sus escritos.

Con el desarrollo de las hostilidades hacia los judíos, la joven Nelly (quien por ese tiempo quizás nunca se imaginó que podría ganar un Nobel) dejó en pausa su producción poética, afectada por los acontecimientos. Sin embargo, la migración a Suecia no solo le salvó la vida a ella y a su madre, sino que también a su talento literario… a tal punto que, años después, sería consagrada en la historia al ganar el Premio Nobel de Literatura.

Obra completa de Nelly Sachs recopilada en el libro “Viaje a la transparencia”, disponible en Casa del Libro.

La obra de Nelly es profunda y explora un lenguaje sumamente simbólico, pero que atrapa nuestras propias emociones y que, en breves trazos poéticos, nos ofrece una idea completa, una imagen perfecta de lo que quiere transmitir, tal y como se evidencia en la siguiente muestra de su obra:

Quién vació la arena de vuestros zapatos…

Poema de Nelly Sachs

¿Quién vació la arena de vuestros zapatos
Cuando debíais levantaros de la muerte?
La arena, la que Israel se llevó a casa,
¿Su arena errante?
Arena ardiente del Sinaí,
Confundida con las gargantas de los ruiseñores,
Confundida con las alas de las mariposas,
Confundida con el ansia de polvo de las serpientes,
Confundida con todo lo que se desprendió de la sabiduría de Salomón,
Confundida con el amargor del ajenjo secreto.
Oh, vosotros, dedos,
Que vaciasteis la arena de los zapatos de los muertos,
¡Mañana seréis polvo vosotros
en los zapatos de los que han de venir!

Nelly Sachs escapó del holocausto nazi, y por algunos años dejó de escribir por el trauma que había sufrido. Sin embargo, terminó retomando su poesía y siendo un ejemplo para otras mujeres con vocación literaria. Vía Sverigesradio.

Ambas escritoras tuvieron vidas extraordinarias en tiempos extraordinarios, y su historia es muestra de lo que las mujeres pueden lograr al unirse y trabajar juntas. Más que el premio Nobel, a ambas las unió el lazo de amor a la vida y a las letras. Un lazo que propició que una mujer sueca ayudara a una joven judía que comprendió que los años que pudo vivir, gracias a que se salvó del horror nazi, eran para dar voz a su escritura. Una voz que nos habla de dolor… pero que también nos hace pensar en el valor de la sororidad.