Cómo sobrevivir a la cena navideña en familia


Navidad es cuando nos reunimos, generalmente, con la familia. La cercana y la extensa. La chica y la grande. Puede que no hayas visto a alguien durante un año entero, pero probablemente planifiquen verse en Navidad… en esta fecha bella y colorida. Y, a veces, incómoda como un pedazo de comida entre los dientes.

No seamos fatalistas: da gusto ver a la familia. Compartir con ellos y reírnos de aquello que solo nos da risa a nosotros. Comprobar que los niños de la familia miden varios centímetros más y que pronto alcanzarán nuestra estatura. Compartir consejos y saber qué ha sido durante el año, de aquellos a quienes amamos. Disfrutar con los que llevan nuestra sangre.

Sin embargo, algunas cenas navideñas tienen sus propios momentos a lo August: hay secretos familiares que se revelan ese día, preguntas incómodas a las que no sabemos qué contestar, pláticas con silencios estorbosos… En algunas puede pasar lo inimaginable, así que aquí te damos algunas ideas para hacer frente a cuatro situaciones difíciles:

N.º 1: Preguntas incómodas

¿Cuándo te vas a casar? ¿Tienes novio o novia? ¿Para cuándo llega el bebé? ¿Cómo te ha ido con tu búsqueda de empleo? ¿Por qué no terminaste la carrera? ¿Por qué renunciaste a tu trabajo? ¿A qué partido político le vas? ¿Por quién votarás en las próximas elecciones? ¿Es cierto que estás saliendo con una chica? ¿Por qué dejaste a X?

Las reuniones familiares pueden ser una fuente inagotable de preguntas incómodas. Ante esas situaciones hay varias opciones: contestar con un chiste (que no sea ofensivo y que no te deje en una situación incómoda), con una respuesta corta y que no dé lugar a seguir en lo mismo y, en algunos casos, funciona redigir el interrogatorio hacia quien te hace la pregunta.

“Me hace sentir incómoda cuando dices cosas como esas. En nombre del espíritu de las fiestas, ¿podemos solo amar y respetar a todos?”. Vía Giphy.

Sin embargo, en la mayoría de los casos basta con decir: “Lo siento mucho, pero me encanta conversar contigo, así que no me gustaría arruinar nuestra maravillosa plática con un tema tan espinoso”. Una forma sutil de desviar la atención con un positivismo extremo, a la vez que dices la verdad… a veces, aunque no lo queramos, esa es la mejor política.

Y recuerda: son tu familia, pero no por eso tienes que responder a todo lo que te preguntan.

N.º 2: Hábitos alimenticios diferentes

No comes cerdo y es lo que te ofrecen. Eres vegana y solo hay carne. Tienes intolerancias alimenticias o tienes síndrome de intestino irritable, y no hay algo (o casi nada en el menú) con lo que te puedas alimentar. Ves pasar las boquitas y mueres de angustia. Te ofrecen bebidas carbonatadas y la frustración te ofusca. Lo sé, lo sé, ya he pasado por eso. Pero, afortunadamente, mi familia ha sido descomplicada y bondadosa.

¡Food alert!: ninguna condición médica que requiera dieta viene con un letrero que diga: “En Navidad come lo que quieras: nada te enfermará”. Vía Giphy.

Si pasas estas navidades con tu familia extensa o con amigos, y tienes una dieta más que restrictiva, puedes avisarles a los anfitriones (sin que se entienda que quieres tratamiento extra especial) que no puedes comer de todo.

Lleva tu propia comida (suficiente para ti y para compartir) y tus snacks saludables y… sé honesta. Así podrás sentarte tranquilamente a la mesa y comer con todos.

Respeta tu dieta médica o tu estilo de vida saludable… si no lo haces, puede que pases de la alegría al llanto. Vía Giphy.

N.º 3: Todos llevan pareja y tú no

Ser soltero no es pecado. Ni una desgracia. Y no llevar pareja (a pesar de que todos tus primos y hermanos lleven a la suya) no debiera ser razón para que te sientas marginada. Siempre hay puntos en común entre personas con distintos estilos de vida. Así que intégrate a la conversación, trata de conocer a las parejas de tus familiares y te darás cuenta de que, quizás, entre ellas encontrarás a tus futuros mejores amigos.

“Adoras tu propia compañía”… y también puedes recurrir a la compañía de los demás (aunque no lleves pareja). Vía Giphy

N.º 4: Llega el pariente chocarrero

Puede que se emborrache y grite sin parar (o saque a colación vergonzosas historias familiares), puede ser alguien a quien no le agradas, que ofenda a tus principios (que sea racista, deteste el rumbo de tu vida, etc.) o que ya te hizo malas jugadas.

¿Qué hacer ante una situación tan difícil? Comportarse de manera civilizada y no “añadir más leña al fuego”. No permitas que te ofendan, pero trata con respeto. En algunos casos, basta con ignorar la situación (hay gente que nunca cambiará, así que no vale la pena perder tiempo).

Piensa en que esta es una gran oportunidad para aprender a ejercer autocontrol. Si haces yoga o reiki, y eres una chica que practica mindfulness… pero no sobrevives a los momentos incómodos de una cena navideña en familia, es que algo no estás haciendo bien.

Calm down, pequeña Stitch. Vía Giphy.

Y, por último, recuerda que motivos para molestarse hay muchos. Pero que, aunque todo cambie y la vida tome rumbos extraños, los que siempre permanecen al lado de uno es la familia. Esa familia que tiene sus defectos y virtudes. Que puede ser excéntrica y un poco loca. Y que puede que tampoco te entienda a ti, porque crea que tú también eres un poco excéntrica y algo loca.

Puede que sean extraños, difíciles, temperamentales… pero son tu familia. Vía Giphy.