Por qué debes leer “Nunca me abandones” (bajo tu propio riesgo)


¿El nombre Kazuo Ishiguro te suena de algo? ¿Y la película Nunca me abandones, con Carey Mulligan y Andrew Garfield? Bueno, pues sucede que Kazuo Ishiguro es el escritor japonés que ganó el Premio Nobel de Literatura 2017. Entre sus obras tiene un libro titulado Nunca me abandones, en el que se basa la película con el mismo nombre.

Recuerdo que, cuando fue nombrado para el Nobel (dejando al eterno candidato Murakami un año más sin galardón), algunos amigos se preguntaban sobre qué había escrito y buscaron sus libros. Tampoco a mí me sonaba su nombre, pero llegó a mis manos Nunca me abandones, la cual fue llevada al cine en 2010. Y aunque no conozco mucho de la literatura de Ishiguro, este libro me impactó.

Cubierta de “Nunca me abandones”. Vía Anagrama.

Quizá se debe un poco a mi propio contexto personal. Hace tiempo aprendí que los libros nos impactan no solo por su contenido, sino por el momento en que llegan. A veces un libro te hace click desde que lo comienzas a leer y a veces necesitas una segunda lectura, porque no era el momento para leerlo. Pero con Nunca me abandones logré empatizar de entrada.

La novela describe la vida de los protagonistas (Kathy, Ruth y Tommy) en el internado de Hailsham y, luego, su paso por la juventud. Una buena parte del libro es acerca de las vivencias y las experiencias construidas en Hailsham, un lugar imaginario que resulta una especie de hogar y colegio, para niñas y niños que son “especiales” en esa sociedad.

A pesar de la claridad del relato, la narración va dejando pistas sueltas de algo más grande que espera a los jóvenes cuando logren la madurez. Pero, además de esa certeza, ellos van descubriendo sus sentimientos, a sí mismos y experimentan con las relaciones.

Parece una escuela como cualquier otra… pero nada es lo que parece. Vía ética y cine.

Fotograma de la película “Nunca me abandones”. Vía The Objective.

Yo no tenía mucha idea de qué iba la novela. Me comentaron que era distópica (recrea un futuro desfavorable para la humanidad), y como estamos acostumbrados a este tipo de universos (es el caso de Mad Max, Los juegos del hambre, entre otros), me sorprendió leer que los chicos pasaban su infancia en una época ochentera. Kathy, por ejemplo, escuchaba una y otra vez la canción Never let me go, de Judy Bridgewater, en un walkman.

El escenario, el ambiente de la historia, parecen familiares. Pero hay elementos del relato que desconciertan, que te detienen en la lectura y se convierten en una especie de presentimiento, algo que tiene que ver con un tema transversal que Ishiguro impregna en el texto, y que el lector va entiendo junto a sus protagonistas.

De una manera sencilla y directa, Ishiguro nos conduce entre los sentimientos de los protagonistas. Es curioso, tienen alrededor de sí un contexto arrollador, pero no huyen de él, simplemente está como un telón de fondo inevitable.

El trío amoroso de Tommy, Ruth y Kathy ocupa, con todo su sube y baja de emociones, una buena parte de la historia, mientras el “otro tema” llega a cuentagotas. Y ese otro tema es una verdad difícil de asimilar. Dolorosa y que aguarda a los personajes.

Kathy y Tommy, fotograma de “Nunca me abandones”. Vía Punto y aparte.

Voy a ser sincera. Esperaba un punto de quiebre, un poco de caos en medio de la narración: pero no, no hay revoluciones. Solo una estoica resignación. Los personajes van cumpliendo sus destinos, si bien siempre con esa pequeña rebelión interna que caracteriza a la humanidad, pero sin poder escapar de estos.

Kathy se plantea si todo el mundo vive igual que ellos, con el destino ya designado desde su nacimiento. Y es que estos chicos “especiales” no son como todo el mundo. Los años transcurren solo para que se acerquen a lo que les ha esperado desde su nacimiento.

Cuando se llega a esa parte, en el libro, nos enfrentamos a la realidad de los personajes. Leemos el desenlace de sus vidas y, con ello, te invade la sensación de vacío. Pero esta sensación también se disfruta. Al menos eso me sucede siempre que un libro ha llevado mis sensaciones al límite y me ha hecho volver las páginas para revivir lo que he leído.

Tráiler oficial de la película “Nunca me abandones”. Vía YouTube

En 2010 el texto fue adaptado al cine por el director británico Mark Romanek. Los papeles de Tommy, Ruth y Kathy fueron interpretados por Keira Knightley, Andrew Garfield y Carey Mulligan.

De esta película destaco mucho la fotografía, a cargo de Adam Kimmel, pues toda la acción se enmarca en paisajes que evocan nostalgia y reflexión. Los colores cálidos de los momentos íntimos, que te hacen sentir dentro de una postal noventera, se traslapan con momentos fríos, sobre todo cuando entra en juego ese “otro tema” que está ligado al destino de los protagonistas.

Aunque en la película hay algunas discrepancias (como siempre) con el libro, desde mi punto de vista es una buena adaptación del tono en que se desarrolla la obra literaria. Sin duda, la película cumple con el objetivo de capturar las sensaciones y ponerlas de relieve.

Ishiguro también ha escrito Un artista del mundo flotante (1986), ambientada en su ciudad natal, Nagasaki, después del bombardeo de 1945; y Los restos del día, en 1989. La crítica literaria señala a Ishiguro como un autor que muestra en sus obras el fracaso humano.

Los personajes, al menos en el caso de Nunca me abandones, no son extraordinarios: por lo que recrean una atmósfera en la que es fácil ingresar, así como comprender sus emociones y realidades.

En conclusión, si quieren leer (y ver) una historia honesta, limpia, directa, un bombazo a los sentimientos, Nunca me abandones es un libro ideal (y puedes ver la película en Netflix). No es casualidad que esté en la lista que elaboró el Times de las 100 mejores novelas en lengua inglesa, desde la fundación de la publicación en 1923.